Cómo incorporar la comunidad en la identificación, planeación y realización de obras públicas.
Por: Fernando Cepeda Ulloa*. - Para los estudiosos de la administración pública y de la gobernabilidad democrática, lo que acaba de ocurrir con la Misión La Guajira, que se inició en diciembre del 2023, y que informa que ha tenido éxito en su propósito de lograr que más de 25.000 personas obtuvieran acceso al agua potable, a la energía y el Internet. Es un experimento que debe ser ampliamente difundido no sólo en Colombia, sino en países que han vivido situaciones similares en las cuales los esfuerzos gubernamentales o privados no logran alcanzar sus objetivos hasta el punto de qué bien pronto se llega a la conclusión de que hay zonas del país donde es inútil proponerse lograr realizaciones de envergadura.
Ese pensamiento pesimista y derrotista fue el que esta misión destruyó, por fortuna. Así lo reconoció su principal líder, Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez, claro está, con la colaboración de un valioso equipo de personas, como la doctora María Lorena Gutiérrez, presidenta del grupo Aval, Promigas y otros funcionarios del grupo y la W, el Grupo Prisa, y varias fundaciones, que se incorporaron desde el comienzo y algunas a lo largo del proceso.
El tema es de enorme importancia. No se trata de un éxito, improbable, en una situación que se anticipaba como compleja y muy difícil, sino de un experimento que debe ser traducido en términos académicos para que pueda ser utilizado por otros departamentos, por otras agencias del gobierno y en otros países. Si algo hace falta en las teorías sobre gobernabilidad democrática y en las que tienen que ver con la manera de lograr eficacia en las tareas gubernamentales, un tema que ha preocupado al Banco Mundial, al Banco Interamericano, a la desaparecida agencia de cooperación internacional de los Estados Unidos, etc.
Es esta dimensión clave. Cómo incorporar la comunidad en la identificación, planeación y realización de obras públicas. Cómo asegurar el buen manejo de los precarios recursos existentes. Cómo aprovechar los talentos disponibles para alcanzar el éxito que se busca. Es que ante el éxito anunciado explotan en la cabeza fracasos de no sé cuántos proyectos, inclusive soportados con recursos muy cuantiosos financieros y de otra naturaleza. Yo no sé cuántos acueductos en algunas regiones de Colombia son ejemplo de una gestión mal llevada que deja sin ese servicio a muchas comunidades, y así se podrían identificar múltiples proyectos fallidos. El Departamento Nacional de Planeación ya debería estar estudiando todos los detalles de esta operación de La Misión Guajira para obtener los aprendizajes necesarios para asegurar la buena fortuna en muchos de sus proyectos.
Lo ocurrido con la Misión Guajira no se puede quedar ahí como un éxito ocasional. Debe ser un tema que se traduzca en un manual de cómo realizar proyectos en un plazo determinado y con la colaboración de sectores diferentes al público, como la empresa privada y muchas fundaciones. No se puede desperdiciar un esfuerzo de esa naturaleza, y, por el contrario, hay que hacer lo posible para derivar aprendizajes efectivos que además se puedan maximizar. Sería muy deplorable que un éxito de esta naturaleza se quede ahí y que pronto se olvide para volver a la teoría de que hay regiones o lugares en Colombia donde no es posible llevar a cabo proyectos porque con frecuencia se fracasa. Fue una teoría que alimentó inclusive el pensamiento del Departamento Nacional de Planeación, en algún momento, con respecto a toda la Costa Atlántica.
Es que desperdiciamos muchos aprendizajes. Por ejemplo, la Universidad de los Andes, que se inició en forma tan precaria en unas casas viejas y en unos precarios edificios al borde del cerro de Monserrate, logró tempranamente un éxito que aún se mantiene hoy, afortunadamente, nacional e internacionalmente. Creo que algunas instituciones como la Universidad del Norte, en Barranquilla, Eafit en Medellín, el Icesi en Cali aprendieron mucho de esta experiencia, pero no ocurrió así con otras, cuya Fundación fue contemporánea a la de los Andes.
Con frecuencia digo que el éxito está prohibido en Colombia. El individual porque llevaba al secuestro y, en otros casos, por una pésima cualidad que es la envidia. Y por eso como que continuamos auto-flagelándonos como lo diagnosticó el distinguido profesor Albert Hirschman. En Colombia ha habido muchos éxitos de variadas proporciones y muy significativos, que son dignos de difusión e imitación. No contribuye mucho a nuestro desarrollo el que no sea permanente la tarea de difundir esos éxitos, individuales y colectivos.
Ojalá este nuevo éxito no entre al armario del olvido en que han quedado guardados tantos otros tan valiosos.
Bogotá, D. E, 30 de noviembre de 2025
*Analista Político, Catedrático. Exministro de Estado