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Por Jaime Enrique Durán Barrera.- Como liberal y convencido demócrata estimo que el actual momento histórico requiere de posiciones coherentes y visionarias, que traduzcan ideales colectivos, no conveniencias individuales.

Colombia y su gobierno han asumido con coraje y determinación enfrentar la mayor amenaza a su futuro, el conflicto armado. Han decidido pagar el alto costo ético y político de sentarse a la mesa de negociación con los insurgentes y no sólo comprometerse para lograr un acuerdo, sino indagar lo que tenían en común y poder proyectar un país para ambos bandos, en uno solo.

Solamente ese esfuerzo titánico de los negociadores de la Paz, que rompió los paradigmas del conflicto, merece una ratificación contundente. De hecho, el Presidente Santos podía haber planteado un referéndum consultivo vinculante, una solución no traumática, pero exigió posiciones y el poder de la decisión del pueblo, se expresará a través de un Sí o un No, sin medias tintas.

Desde otra dimensión de los hechos, como Senador, creo que la Paz es ya una condición definitiva para construir un futuro mejor. No se podrá edificar un país sin diferencias teniendo la amenaza de la guerra, ni se podrán desarrollar las regiones sin su integración al mapa de los proyectos y programas de un estado social de derecho, como lo establece nuestra constitución.

Aun cuando hemos estado en conflicto,  la energía de los colombianos nos ha llevado a ser la cuarta economía de América. La violencia es un ancla que nos detiene en un pasado de exclusión, inequidad e injusticia.

Cómo vamos a hacer sinergia si los departamentos tienen desigualdades y desequilibrios que los conducen a la miseria, si la debilidad institucional es uno de los factores de la inequidad, si no existe siquiera la vialidad requerida como ingrediente de inclusión y productividad.

El departamento que represento y donde nací, Santander, es uno de las regiones con más futuro, por su biodiversidad, capacidad productiva de sus habitantes y ubicación geopolítica. Pero tiene la gran debilidad, como otros departamentos y municipios del país, de carecer de vías, que no sólo intercomuniquen sus ciudades y pueblos de forma eficaz, con otras zonas del país, sino que sus campesinos no cuentan con el soporte de las vías terciarias, que articulen a los productores con los centros de consumo.

La Paz para Colombia es un activo. Una herramienta para superar las condiciones que la amarra a la desigualdad y la exclusión y la mejor estrategia para construir un futuro mejor.

Por ello digo Sí al Plebiscito de la Paz e invito a todos los colombianos sin distingo político, etnia, religión, credo, para que participen votando por el futuro: La Paz de Colombia.