Opinión
Es claro que la Constitución no quiere un servicio público parcializado. Lo debe tener en cuenta el nuevo gobierno.
Por José G. Hernández*. - La imparcialidad de los servidores públicos -con mayor razón si desempeñan altos cargos- es un elemento esencial para que el Estado cumpla su función. Ellos no son voceros ni representantes de organizaciones, gremios o empresarios. Son funcionarios al servicio de la comunidad entera, del interés general y del bien común, sin preferencias ni exclusiones.
Sus actuaciones, decisiones y políticas han de ser objetivas, orientadas a la realización de valores constitucionales como la vida, la salud, la convivencia pacífica, la libertad, el trabajo, la justicia, la educación, la cultura, el orden público, la vivienda digna, el equilibrio ecológico. Y, desde luego, a velar por la responsabilidad, el cabal cumplimiento de los deberes y obligaciones, a la luz de las reglas vigentes.
Cada organismo o entidad pública ha de actuar según las disposiciones constitucionales o legales, en el ámbito de sus respectivas competencias. Las determinaciones y medidas oficiales no pueden estar encaminadas al beneficio o a la ganancia de determinados grupos o sectores, ni tampoco a su perjuicio o detrimento, ni a discriminación alguna.
Al tenor del artículo 2 de la Constitución, las autoridades de la República “están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”.
Como lo ha expuesto la Corte Constitucional en reiterada jurisprudencia, el Estado debe contar con servidores públicos que, en sus distintos niveles y dependencias, cristalicen los propósitos de la colectividad. Su experiencia, conocimiento y dedicación han de garantizar una verdadera y probada aptitud para atender las necesidades, urgencias y requerimientos colectivos a nivel nacional, regional y local, cumpliendo las altas responsabilidades estatales.
El Estado Social de Derecho, como dice la doctrina constitucional, requiere la aplicación de criterios de excelencia en la administración pública, y ello exige de cada funcionario no solamente preparación y conocimiento en lo específico de sus funciones y atribuciones, sino compromiso, dedicación, imparcialidad y honestidad. Por eso, el artículo 122 de la Constitución estipula que “ningún servidor público entrará a ejercer su cargo sin prestar juramento de cumplir y defender la Constitución y desempeñar los deberes que le incumben”. Y el 123 destaca que “los servidores públicos están al servicio del Estado y de la comunidad; ejercerán sus funciones en la forma prevista por la Constitución, la ley y el reglamento”.
El artículo 126 dispone: “Los servidores públicos no podrán en ejercicio de sus funciones, nombrar, postular, ni contratar con personas con las cuales tengan parentesco hasta el cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad, primero civil, o con quien estén ligados por matrimonio o unión permanente.
Tampoco podrán nombrar ni postular como servidores públicos, ni celebrar contratos estatales, con quienes hubieren intervenido en su postulación o designación, ni con personas que tengan con estas los mismos vínculos señalados en el inciso anterior”.
Según el artículo 127, “la utilización del empleo para presionar a los ciudadanos a respaldar una causa o campaña política constituye causal de mala conducta”.
Es claro que la Constitución no quiere un servicio público parcializado. Lo debe tener en cuenta el nuevo gobierno.
Bogotá, D. C, agosto 9 de 2026
*Expresidente de la Corte Constitucional.
“Vías decentes para el campo” y “conectividad rural” deberían ser programas prioritarios para romper el aislamiento a que está condenada media Colombia.
Por: José Félix Lafaurie Rivera*. - Esa es la expectativa con que recibimos al gobierno de Abelardo de la Espriella los productores agropecuarios y la población rural, porque el propósito de convertir a esta Patria nuestra en un Milagro de desarrollo económico y social pasa, necesariamente, porque ese milagro empiece en el campo abandonado.
La esencia del milagro es obrar sobre situaciones extremas con soluciones que parecen imposibles, y esa es la situación del campo: extrema y ávida de soluciones ofrecidas y nunca cumplidas, mas no imposibles. Yo diría que el Campo Milagro, tiene otro nombre: verdadera voluntad política.
En Colombia, la situación extrema del campo se asocia, por muchos y con mucho facilismo, con la violencia como causa principal. Igualmente, el narcotráfico y su entorno de ilegalidad total se presume como causa de esa violencia, cuando apenas es uno de sus actores.
La seguridad se convierte entonces en prioridad; y la verdad que lo es, más no como objetivo final ni solución definitiva, sino como condición sine qua non para superar la violencia y, por ahí mismo, también el atraso rural. En ese orden de ideas, ni la violencia ni la situación extrema de campo se explican con la falta de seguridad (léase justicia y presencia policial y militar). Su verdadera explicación, su verdadera causa es la falta… de todo…, es el abandono.
Y donde falta todo, el milagro es vistoso y transformador. La seguridad y una justicia efectiva que persiga y castigue a los bandidos, abrirá caminos a la inversión y el desarrollo rural, pero hay otros caminos por abrir: “Vías decentes para el campo” y “conectividad rural” deberían ser programas prioritarios para romper el aislamiento a que está condenada media Colombia.
Ahí empieza el Milagro: reactivación de la producción agropecuaria con salida a los mercados, sumada a una presencia integral del Estado: Crédito de fomento con asistencia técnica exclusivo para productores rurales; política de asociatividad para pequeños productores; agua y energía para la producción rural; además de presencia social con programas de salud, educación y vivienda en el campo y para el campo.
La ganadería espera también un milagro. Han pasado 20 años desde la firma del TLC con Estados Unidos y 14 años desde su entrada en vigor, sin que, a pesar de los inmensos esfuerzos por lograr admisibilidad para la carne colombiana, hayamos podido colocar un solo kilo en ese mercado, mientras, por otro lado, más de 77.000 toneladas de leche entraron al país en 2025 desde Estados Unidos, agravando la difícil situación de nuestros productores.
Para la ganadería de la Costa Caribe, con cerca de 9 millones de animales, Estados Unidos debería ser un mercado natural para nuestra carne, por el precio competitivo, pues el costo de producción de nuestra ganadería en pastoreo es menor al de la ganadería texana a base de maíz; por nuestra calidad genética, por la cercanía a los puertos, etc.
Ese milagro, que no debería ser excluyente del mercado chino para la carne y para cualquier otro producto colombiano, no solo representaría un impulso transformador para la ganadería colombiana, sino un factor importante de diversificación de la canasta exportadora y de generación de divisas, además de un dinamizador del desarrollo rural para los departamentos caribes que cuentan con la ganadería como una de sus principales actividades productivas.
La solución definitiva a la trazabilidad con una reforma profunda del ICA, el fomento decidido a la Ganadería Sostenible y otros retos que no me caben en estas líneas, son parte de esa ganadería moderna y transformadora que hará parte del Campo Milagro que los productores agropecuarios, la población rural y el país se merecen.
Bogotá, D. C, julio 9 de 2026
*Presidente de Fedegan
@jflafaurie
El manejo de nuestra política internacional requiere de una ambiciosa y cuidadosa atención más allá de innecesarios compromisos ideológicos.
Por: Fernando Cepeda Ulloa*. - Es la hora de recordar el significado que para Colombia y Estados Unidos han tenido unas relaciones, no tanto bilaterales cuanto de amistad. En todos los campos, desde los temas de cooperación en el sector educativo, particularmente el de la educación superior, hasta los temas bien complejos de la seguridad nacional, ha existido una relación generosa y de máxima confianza que hace de la nuestra, con esa gran nación, una relación muy especial.
Afortunadamente, no fue así durante los últimos cuatro años, por la postura ideologizada del gobierno, y una actitud muy contraria al espíritu de amistad que había caracterizado nuestra histórica relación.
Es bien claro que el nuevo mandatario de Colombia, Abelardo de la Espriella, cuenta con el apoyo del presidente de los Estados Unidos, de su secretario de Estado, y ello significa del gobierno de esa gran nación. Tanto que los opositores del nuevo presidente consideran como indebida la actitud tan positiva del presidente Trump frente al nuevo presidente de Colombia.
Así pues, lo que tenemos a la vista es la reanudación, ojalá reforzada, de las buenas relaciones entre Colombia y esa gran nación. En un momento en el cual el propio presidente Trump, por lo menos en dos documentos oficiales de gran significación, la Estrategia de defensa y la Estrategia de seguridad ha expresado su voluntad de sostener una nueva relación con el hemisferio, mucho más constructiva y que abarque, no sólo temas de seguridad y de lucha contra el narcotráfico, sino de inversiones y otras formas de relacionamiento que resulten provechosas para ambos países.
Tengo bien sabido que América Latina no ha sido siempre el aliado que ha debido ser con los Estados Unidos. En varias ocasiones ese país ha formulado políticas muy generosas hacia el hemisferio que no han encontrado una respuesta entusiasta por parte de los diferentes países y me parece que ha venido corriendo lo mismo con estas manifestaciones tan contundentes del presidente Trump.
Colombia ha tenido, normalmente, una actitud bien diferente a la de sus colegas latinoamericanos, la de muchos de ellos, frente a los Estados Unidos. Y es hora de que respondamos con entusiasmo, optimismo y sentido de auténtica amistad a las contundentes manifestaciones del gobierno de los Estados Unidos con respecto a la América Latina y el Caribe. Y todo parece indicar que así lo ha entendido el nuevo presidente de Colombia y que ojalá su actitud se traduzca en el mejor aprovechamiento de una gran oportunidad.
Además, el momento que está viviendo Colombia, en muchos aspectos, requiere como nunca del mejor apoyo de sus amigos en el exterior. Ya la CAF, Banco dirigido por el exministro Díaz Granados, anunció un ambicioso programa de varios miles de millones de dólares. Maravilla. Y lo propio se puede esperar de otros bancos multilaterales como el Mundial, e Interamericano que han tenido, históricamente, una notoria y fructífera en relación con Colombia.
Pero esta cooperación tan necesaria en el sector financiero, es también muy importante en otros sectores de la actividad colombiana, principalmente el que tiene que ver con la erradicación de la pobreza, la lucha por lograr la excelencia en todo el sistema educativo, una eficaz administración de justicia y, ojalá, una actividad tan exitosa como lo fue la del Plan Colombia para la seguridad y la paz en Colombia.
Y ello no quiere decir que se subestime la significativa y valiosa tradición histórica de nuestra relación con Europa y la que debemos fortalecer, y mucho, muchísimo, con Asia y sin duda con África. Australia y Nueva Zelanda, entiendo que están bien atendidas.
Más que siempre, el manejo de nuestra política internacional requiere de una ambiciosa y cuidadosa atención más allá de innecesarios compromisos ideológicos. El nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Omar Bula Escobar, tiene una excepcional experiencia en el mundo diplomático y un clarísimo entendimiento de la actualidad de las relaciones internacionales y por ello existe confianza en que su desempeño va a dar lugar a excelentes beneficios para todos los sectores en Colombia.
Bogotá, D. C, agosto 9 de 2026
*Analista Político, Catedrático. Exministro de Estado.
Pronto, los aviones comenzarán a bombardear los campamentos de las guerrillas y a fumigar las 230 mil hectáreas sembradas de coca
Por Hubert Ariza*. - Con el juramento del presidente Abelardo de la Espriella comenzó el mandato de la anunciada patria milagro, un modelo de país que ya había sido anunciado en campaña y por el que votaron casi 13 millones de colombianos. Vestido con un fino traje de corte italiano, corbata y zapatos impecables, y acompañado de su familia, el mandatario no se salió un segundo de la estética, la narrativa ni el libreto que marcó una de las elecciones más reñidas en la historia reciente del país, en la que triunfó por menos del uno por ciento.
Ante cerca de 2500 invitados, el mandatario hizo una puesta en escena en la que no hubo citas a la diversidad étnica, ni a las culturas ancestrales, sino imágenes de la Virgen María, cantos religiosos, oraciones de diferentes Iglesias y evocaciones a un Colombia “del orden, la autoridad y la libertad”, en la que volverá la fumigación aérea de los cultivos ilícitos, llegará el fracking que amenaza el medio ambiente, se impondrán la economía extractivista, el fin del diálogo con organizaciones armadas ilegales, una política exterior volcada hacia el comercio y el afianzamiento del Escudo de las Américas, y una serie de medidas económicas para superar el déficit fiscal.
En la posesión ante el Congreso de la República, en sesión extraordinaria en el auditorio de la Universidad Santiago de Cali, se vieron las caras alegres de los ganadores, que vieron al nuevo jefe de Estado jurar ante el presidente del Senado, Honorio Henríquez, y rezaron y cantaron con fe, vocación y alegría, olvidándose del país laico que hizo posible la Constitución de 1991. Los perdedores de la izquierda petrista no asistieron al festejo de la derecha abelardista, prefirieron congregarse, sin armar alboroto, alrededor de sus líderes, Iván Cepeda y Carolina Corcho, en Barranquilla, Cali y otras ciudades.
Entre los invitados especiales en la posesión estaban el exjefe de Estado Iván Duque, al lado del hombre que lo llevó a la Casa de Nariño: Álvaro Uribe Vélez, cuyo partido, el Centro Democrático, se defiende para no ser devorado por el nuevo partido del abelardismo, “Defensores de la Patria”. El fenómeno político que el país mira con expectativa es el del viejo caballista paisa con tierras en Córdoba, luchando para no dejarse borrar de la arena política por un exaliado cordobés que lo puso en jaque maté y amenaza con pensionarlo y quedarse con su manada.
La posesión fue un acto lleno de simbolismos que quedará marcado en la historia de Colombia. Cañonazos de salva, un discurso lleno de promesas, un lenguaje corporal que evoca la escuela italiana de antes de la Segunda Guerra Mundial, y un ataque frontal a Petro, quien gobernó, como prometió, hasta el último minuto posible. La salida de la Casa de Nariño, vestido de blanco, al lado de sus hijos y su anillo de servidores más cercanos, echó por tierra las narrativas del dictador que se iba a perpetuar en el poder.
Lo que sigue para Colombia es la confrontación de dos narrativas diametralmente opuestas. El choque de dos liderazgos irreconciliables, ambos con ciudadanía italiana. Tanto Petro como el presidente Abelardo gozan del pasaporte de la tierra donde los partisanos cantaron Bella Ciao y derrotaron al fascismo. Ahora, estos dos lideres tendrán en sus manos el destino de la política durante los próximos años. Petro levantando la bandera de la lucha contra el fascismo, y De la Espriella, defendiendo la legitimidad y pertinencia de su mandato, bajo el paraguas del Escudo de las Américas y Trump.
En Cali quedó ratificado el compromiso del presidente De La Espriella de no convocar una Asamblea Nacional Constituyente, no extender su período, y entregar el poder pacíficamente en cuatro años. Con ese mensaje busca desactivar a la oposición de la izquierda que vaticina que el modelo bukeliano, de El Salvador, se impondrá y se aplicará la receta de modificar la Carta Política, tomarse las Cortes y revocar el Congreso para convocar nuevas elecciones, ganar las mayorías y perpetuarse en el poder.
Para la izquierda, De la Espriella llegó para quedarse; para la derecha, Petro salió para nunca más volver y terminar en una cárcel en Estados Unidos. La polarización extrema quema el centro, rompe amistades y siembra de minas el futuro de Colombia. La alianza Uribe-Petro es un frente común para contener la ola de extrema derecha que amenaza a sus opositores.
A la anunciada agenda del fin de la paz total con las organizaciones armadas ilegales con la frase “la opción del diálogo está agotada”, la fumigación aérea con glifosato de última generación, el fracking, la construcción de megacárceles y la visión de una economía extractivista, se opondrán el Pacto Histórico y las organizaciones sociales. Ello significa una convulsión social permanente. Sin las consejerías de paz y derechos humanos, ni la encargada de la aplicación de los acuerdos de paz, el grito de “nos están matando” se volverá a escuchar. La izquierda ya tiene listo el contador de lideres sociales asesinados.
Sí, “el Tigre’ ha llegado y sabrán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano”, como dijo el mandatario, pero desde la oposición Petro intentará inmolarse en la defensa de su vida, su libertad y su legado. Será un enfrentamiento de felinos. Uno desde el poder y el manejo de la Fuerza Pública, el otro, desde la calle, invocando la desobediencia civil. Los senadores Iván Cepeda y Carolina Corcho harán lo propio desde el Congreso.
La promesa de que “en la patria milagro nadie será perseguido por pensar distinto ni privilegiado por respaldar al Gobierno nacional. Las mayorías tendrán derecho de gobernar y las minorías el derecho de controvertir con garantías”, es un mensaje conciliador del presidente entrante, que busca aminorar la intolerancia del ala radical de sus seguidores. En campaña se escuchó conjugar con fuerza el verbo “destripar”, que en las redes sociales los más intolerantes continúan usando contra los opositores al Tigre. Lo grave en Colombia es que las amenazas se cumplen, y los destripados llevan décadas contándose.
La lucha contra la corrupción será un tema central del Gobierno que comienza y sobre el cual los colombianos serán implacables. Este fue el enorme hueco por donde se fugó el apoyo de un sector de los colombianos a Petro y condujo a la derrota de Iván Cepeda. Pero el presidente De la Espriella, en Cali, se limitó, al respecto, a prometer “herramientas modernas para prevenir, detectar y perseguir el uso indebido de recursos públicos”, entre ellas, la inteligencia artificial, los sistemas de análisis de datos, tecnologías de trazabilidad digital y herramientas como blockchain. Nada de ello parece un remedio de inmediata aplicación y efectiva reparación del tejido social. La cultura del enriquecimiento ilícito sigue siendo una epidemia.
Quizá en este campo el país espera mucho más del Gobierno que comienza. ¿Qué piensa el presidente del papel que deberían cumplir los órganos de control y la Fiscalía en ese campo?, es una pregunta obligada. El país, y sobre todo la oposición, serán implacables contra la corrupción en el Gobierno entrante. Y bien vale ir más allá de anuncios generales. Hay que concretar medidas que signifiquen un antes y un después en la lucha contra los corruptos. Bastante tarea tiene el nuevo ministro de Justicia, Iván Cáncino. La posición del Gobierno frente a la elección del Contralor General de la República, el próximo 12 de agosto, enviará un mensaje contundente. Ojalá no se equivoquen de pupilo. Una reforma a la justicia es, además, una propuesta que ronda desde hace años.
Por ahora, los ojos están puestos en los 90 decretos que se han anunciado. Y en las medidas que adoptará el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Mártinez. Congelar el gasto público, presentar una reforma tributaria y eliminar el impuesto al patrimonio, son medidas anunciadas que generarán amplios debates en el Congreso y entre los expertos. Será una ocasión para ir afinando el modelo económico extractivista que gobernará los próximos cuatro años.
En conclusión, ha comenzado la era del Tigre, con una reedición del esquema Gobierno-Oposición, con dos felinos enfrentados, y una sociedad civil más organizada, con la amenaza permanente de una nueva edición del estallido social. Pronto, los aviones comenzarán a bombardear los campamentos de las guerrillas y a fumigar las 230 mil hectáreas sembradas de coca. Lo que se vio ayer en Cali es el comienzo de los cuatro años de la patria milagro y a medio país de rodillas rezando con fe porque al Tigre le vaya bien.
Bogotá, D. C, agosto 9 de 2026
*Periodista, internacionalista y analista político.
Tomado de El País.
El derecho a la información es de doble vía
Por: José G. Hernández*. El papa León XIV ha escrito y divulgado la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” que, como lo expresa su encabezamiento, versa “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Un documento formidable, muy bien fundamentado, de gran actualidad y portador de un claro mensaje a favor de los derechos esenciales y la dignidad de los seres humanos.
Respecto a las comunicaciones y en torno al derecho a recibir información veraz e imparcial -en los términos del artículo 20 de la Constitución colombiana-, la Encíclica hace advertencias de la mayor importancia que, como lo vemos a diario, no están lejos de la realidad. Entre otras consideraciones, cabe destacar la siguiente: “Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella”.
Tiene toda la razón el Santo Padre. Si algo es inherente a la convivencia entre seres humanos, en el interior de las familias, las comunidades, los Estados y las organizaciones internacionales, en los más diversos campos -en lo político, lo social, lo económico, lo jurídico, lo ecológico, lo cultural- es la plena certidumbre -individual y colectiva- acerca de la veracidad de lo que se informa y se divulga.
Se trata, ni más ni menos, de las adecuadas relaciones en el interior de toda sociedad, las cuales deben fundarse en la certeza, la confianza y el mutuo respeto. No pueden partir de la duda generada por la mentira, la tergiversación o la falsedad.
El documento pontificio lo expresa claramente: “La verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo. Sólo la búsqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien común, puede sentar las bases de una comunicación justa”.
En la época presente, tanto en medios de comunicación como en redes sociales, en Colombia y en muchos países, ya hemos sufrido los efectos negativos de la desinformación y la manipulación de los acontecimientos, las propuestas, las acusaciones y las tendencias, mediante el uso inadecuado de la IA, llevando, inclusive, a choques y a enfrentamientos innecesarios que se habrían podido evitar mediante una información ceñida a la verdad.
Como lo ha reiterado la jurisprudencia constitucional en nuestro país, el derecho a la información es de doble vía, toda vez que no solamente corresponde al emisor de informaciones, datos y noticias sino a sus receptores. Si se engaña al público mediante fotografías, audios, videos, estadísticas tergiversadas o distorsionadas, mediante inteligencia artificial u otros instrumentos, se causan daños, muchas veces irreparables.
Las advertencias del Papa no son imaginarias. Tengámoslas en cuenta.
Bogotá, D. C, 1 de agosto 2026
*Expresidente de la Corte Constitucional.
Otra luz, otro panorama y mucha felicidad se cernirán sobre la nueva Colombia y todos sus habitantes.
Por Gabriel Ortiz*. - Finalizan cuatro años de guachafita y soplan nuevos vientos para esta sufrida y acorralada Colombia, que ha soportado los mayores trastornos de su historia, durante los cuales volaron sus finanzas hacia sectores enrarecidos, mientras funestamente, crecieron la subversión y el desorden a niveles inexpugnables, al tiempo que disfrazaron la reducción de una pobreza que creció sin control alguno. Durante este período cayeron todas las esperanzas de un país que aspiraba a salir de las encrucijadas a las que lo condujo un gobierno manchado y contaminado por cuanto cataclismo y torpeza corrían hacia la destrucción.
Los cuatro años durante los cuales el petrísmo derramó sobre este millón de kilómetros cuadrados y 52 millones de habitantes, bruscos cambios de las costumbres y voluntades de un pueblo que traía otra dirección de progreso y dignidad que lo impulsaba hacia otras aristas para alcanzar riqueza, paz, armonía, sosiego y tranquilidad.
Todo esto se derrumbó con la brutal y trágica política que trataron de implantar el M19 de Petro con sus adláteres, compinches y acólitos, quienes penetraron la Patria para arrasar con cuanto valor quedaba en pie.
Surgieron 27 mil y más malhechores, que apoyan y defienden a los amos del narcoterrorismo y la minería ilegal, para gobernar las poblaciones de campesinos indefensos y otra cantidad que se posa en las barriadas de las ciudades, con la misión de extorsionar y llenar de minas las zonas escolares y diseminar el terror por todas partes.
La supuesta “paz total” que quiso implantar Petro, se convirtió en el engaño y la máscara de beneficio para los alzados en armas. Así nacieron perdones, aperturas, liberaciones y cuanta prebenda existe, para quienes invadían y diezmaban nuestro territorio. El propio presidente llegó al colmo de y llenar de bandidos las tarimas desde las cuales se dirigía a sus adeptos, para exhibir esas afrentas como ejemplo de su falsa paz.
Los drones, con los que se siembra el terror en campos y poblaciones de habitantes amenazados, se han multiplicado, sin que el gobierno se haya ocupado de controlar la diseminación de estos artefactos.
Petro ha hecho gala de su gran poder sobre las Fuerzas Armadas. Viola la Constitución, impartiendo órdenes y frenando la acción del ejército y la policía. Así opera para sembrar la inseguridad, el miedo, espanto y crimen que reina a lo largo y ancho de Colombia. Inclusive instituyó la purga que saca de las filas a los más experimentados, diestros y duchos militares, que durante años han venido guardando el orden a lo largo y ancho del país. Por fortuna, a Petro le restan solo 6 días, que ha tenido que dedicar a explicar sus fallas como gobernante, político, pariente, padre y empleador de quienes estuvieron a su servicio y señalan sus errores y abusos.
El nuevo presidente Abelardo De La Espriella, borrador en mano, pondrá fin al funesto “petrísmo”, M19 y demás rastrillos que atormentan a una nación y frenan su desarrollo. Este país y sus 52 millones de almas, recibirán desde el viernes 7 la esperanza perdida durante 4 años. Otra luz, otro panorama y mucha felicidad se cernirán sobre la nueva Colombia y todos sus habitantes.
BLANCO: El punto final a la proliferación de embajadas y cuerpo diplomático sin experiencia. Se acabó el festín que Petro montó a última hora.
NEGRO: Falleció el gran periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza. Gran pérdida para las letras de este gran amigo de Gabo. Paz en su tumba.
Bogotá, D. C, 1 de agosto 2026
Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
La promesa de la guerra total y el pospetrismo
Petro tendrá una presencia permanente en la política y será mucho más que un felino opositor al Gobierno, pues movilizará en las calles a su electorado, copará la agenda mediática y las redes sociales, y defenderá su legado.
Por: Hubert Ariza*. - En Colombia la política no se vive, se sufre, y los protagonistas viven atrincherados en aparatos políticos, narrativas e ideologías. La polarización es el sello de un país en el que el odio y la desinformación dominan las redes sociales y la Inteligencia Artificial es el gran dominador de la voluntad de la mayoría de los votantes.
En un país en permanente ebullición social, presencia de organizaciones armadas ilegales y narcotráfico, el péndulo se ha movido, históricamente, entre la guerra y la paz. Hoy, como hace unas décadas, regresa la promesa de la victoria militar al enemigo interno. Ese es el futuro que se ofrece como medicina a los males que aquejan a la nación.
La narrativa de hoy, del presidente electo, Abelardo de la Espriella, es su liderazgo para lograr el triunfo militar sobre las guerrillas comunistas. La puerta del diálogo está cerrada, la vigencia de los acuerdos de paz está amenazada, mientras se anuncia el fin de la Justicia Especial para la Paz y el cierre de las Consejerías de Paz, Derechos Humanos y la Unidad para la Implementación del Acuerdo de Paz. Sin embargo, desmontar los acuerdos parece un imposible, gracias al blindaje constitucional de lo pactado. Se necesita mucho más que voluntarismo, aplausos y saludos a la bandera. Sobre todo, teniendo minoría parlamentaria y la presión de la comunidad internacional. Los acuerdos de paz están firmes en la Carta y se firmaron para cumplirse.
La guerra total es la receta que ofrecieron presidentes como Guillermo León Valencia y Julio César Turbay, en el siglo pasado; y Álvaro Uribe, durante dos mandatos consecutivos, en el período 2002-2010. Todos fracasaron. Aunque perdieron la batalla política desde su surgimiento en la década de los sesenta, las FARC se hicieron más fuertes en la Colombia profunda con cada bombardeo. La represión estatal y violación sistemática de los derechos humanos alimentó la pretendida narrativa revolucionaria, que buscó apropiarse de los liderazgos sociales y opacar a la sociedad civil.
Ya antes, en 1998, el conservador Andrés Pastrana había pactado con las Farc, que lo traicionaron y dieron vida a la leyenda revanchista de Álvaro Uribe. Durante ese período, las FARC resultaron debilitadas, pero no derrotadas en el campo militar.
Luego llegó al poder Juan Manuel Santos, heredero de Uribe, quien lo traicionó y sacó las llaves de la paz del fondo del mar para negociar y hacer posible lo que nadie pudo en sesenta años: desmovilizar a las FARC en una mesa de negociaciones. Los acuerdos de 2016, sin embargo, no trajeron paz en la sociedad, sino que agudizaron la polarización. El plebiscito por la paz partió a Colombia en dos partes casi idénticas. Una división que aún subsiste y se agudiza sin que nadie encuentre la fórmula para reconciliar al país. Ya ni el fútbol nos une. Hasta la camiseta de la Selección Nacional se volvió tema de discordia.
Después de ocho años de Santos, llegó Iván Duque, apadrinado por Uribe. En ese cuatrienio, el estallido social y el manejo de la pandemia consolidaron la candidatura de Gustavo Petro, quien, como presidente, intentó sin éxito un proceso de paz total. La traición del ELN y las disidencias a la oferta estatal de negociación dio fuerza a una oposición de extrema derecha que logró, con la ayuda de la Inteligencia Artificial y la desinformación, revivir el odio a las FARC, posicionar la narrativa de que el país se le había entregado a esa organización criminal y que Iván Cepeda era el candidato de la guerrilla y la corrupción.
Los casi 13 millones de colombianos que hicieron presidente a Abelardo de la Espriella votaron contra las FARC y contra Petro. Estamos, otra vez, en 2002, en una cruzada estadounidense contra el comunismo, tal y como ordena la Nueva Estrategia de Seguridad, justo cuando la nación se halla ad portas de asumir una subordinación total a Estados Unidos, con una Fuerza Pública que tendrá prelación en las decisiones del Ejecutivo, comenzando con la posesión presidencial en una guarnición militar.
En estos tiempos de efervescencia es bueno recordar el discurso del presidente Alberto Lleras Camargo, en el Teatro Patria, del 9 de mayo de 1958, que fijó límites a los militares, como la no deliberación política, ni injerencia en los asuntos civiles, para garantizar la democracia y la unidad nacional, y fortalecer las instituciones.
Entre la aguda polarización, la entronización de una nueva derecha más radical, el marchitamiento del uribismo y el retorno a la militarización de la agenda política, con el apoyo de Trump, surge la pregunta de qué sigue para Petro, quien entregará el poder pacíficamente el 7 de agosto, sin reconocer a su sucesor, con una popularidad cercana al 50% y con 12.708.712 votos en el bolsillo.
Es prematuro hablar del pospetrismo, porque el petrismo encarna una fuerza política con hondas raíces en amplios sectores de la población, que avalan su liderazgo e ideología.
La aguda polarización encuentra, además, a Uribe defendiéndose como un gato en una piscina, para no ahogarse en medio de los ataques de la militancia de la patria milagro. Con 17 senadores no es un jugador al que la ultraderecha pueda arrinconar, ni mandar a cuidar caballos. Sigue vivo y actuando con absoluto pragmatismo. Su alianza con el Pacto Histórico, para la elección del presidente del Senado, Honorio Henríquez, demostró que en política todo es posible. Y que viejos enemigos pueden unirse para frenar un adversario común, aplicando el viejo adagio de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
A diferencia de otros mandatos, el fin del Gobierno no es el fin del petrismo, sino una transformación hacia la oposición, en cuyo proceso le resulta vital consolidar el Pacto Histórico como una fuerza moderna, democrática y popular, capaz de canalizar el electorado hacia la reconquista del poder en 2030.
La oposición en el Congreso, en alianza con el Centro Democrático y otras fuerzas, como el Partido Verde, será un escenario de revitalización de la democracia y equilibrio de poderes. El Gobierno entrante tendrá, a su vez, que jugársela a fondo para lidiar, con tan solo tres parlamentarios propios y una sumatoria de senadores de partidos tradicionales ansiosos de burocracia, con el bloque mayoritario del petrismo y el uribismo, que serán mucho más que abejas y jaguares picando y mordiendo al Ejecutivo en la selva del Legislativo. Saltarse el Congreso no parece una buena idea.
Petro tendrá una presencia permanente en la política y será mucho más que un felino opositor al Gobierno, pues movilizará en las calles a su electorado, copará la agenda mediática y las redes sociales, y defenderá su legado. Uribe, a su vez, está obligado a hacer oposición para garantizar su supervivencia y la de su partido, que se ha convertido en un suculento plato para la ultraderecha.
La ecuación ahí es sencilla: el éxito de la ultraderecha es la derrota de Uribe, quien perdió el liderazgo en ese escenario. La exsenadora Paloma Valencia por ello dice que su partido no es de derecha, tratando de seguir pescando en el centro político.
El tigre comenzará a rugir el 7 de agosto; Petro y Uribe ya demostraron que los felinos no los atemorizan. La patria milagro comienza a escribir su historia y los nunca sabrán que los de siempre también rugen y saben jugar a ser avispas venenosas. Zumbidos y rugidos marcan hoy la selva en que se ha convertido la débil democracia colombiana. Pronto comenzará a escucharse, también, con fuerza el ruido de la guerra.
Bogotá, D. C, julio 25 de 2026
*Periodista, internacionalista y analista político.
Tomado de El País.
Si el Gobierno quiere asumir funciones legislativas, mediante la declaratoria de estados de excepción, estará sometido al control político del Congreso y jurídico de la Corte Constitucional.
Por José G. Hernández*. - El pasado 20 de julio celebramos los doscientos diez y seis años desde la proclamación de nuestra independencia. El 7 de agosto celebraremos los doscientos siete años desde la batalla de Boyacá, que -tras la campaña libertadora liderada por Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y otros patriotas- derrotó a las fuerzas de la reconquista española.
Se ha posesionado el nuevo Congreso. El 7 de agosto lo debe hacer, ante el Congreso, el presidente electo, aunque sin haber adelantado el empalme -dispuesto por la ley- con el gobierno saliente. Lo tramitaron en los Estados Unidos, con funcionarios y ministros de ese país.
Pero debemos insistir en que, contra los deseos de algunos, Colombia es -y debe seguir siendo- un Estado soberano, democrático, participativo, libre e independiente. Un Estado Social de Derecho, como lo proclama la Constitución de 1991, promulgada hace treinta y cinco años por la Asamblea Nacional Constituyente, elegida por el pueblo, titular de la soberanía.
Voceros del próximo presidente han anunciado que el 7 de agosto, tras su posesión, firmará 90 decretos sobre distintos asuntos, como salud, economía y educación. Y han manifestado que, mediante algunos de esos decretos, De la Espriella buscará eliminar instituciones vigentes que entraron a regir en virtud del Acuerdo de Paz firmado en 2016 entre el expresidente Santos y la guerrilla de las Farc. Además, se ha prometido suprimir cargos y entidades, con la finalidad reducir el tamaño del Estado, según promesas de campaña.
Como no conocemos el contenido de los actos administrativos anunciados, no es el momento de pronunciarnos a favor o en contra, pero consideramos necesario formular algunas advertencias, desde la perspectiva jurídica.
Ante todo, recordemos que no se posesiona un monarca sino un funcionario que, si bien ejercerá como jefe del Estado y de gobierno, está sometido a la Constitución y a las leyes. Sus atribuciones y facultades están delimitadas por el ordenamiento jurídico, que le es superior. No todo se puede hacer por decreto. Así lo han expuesto la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, en recientes providencias recaídas sobre actos del gobierno actual.
Hay instituciones creadas por la Constitución, que -con independencia de si le agradan o no al presidente electo- no se pueden desmontar por un simple decreto y ni siquiera por una ley. Tal es el caso de la Jurisdicción Especial de Paz -JEP- y las disposiciones sobre derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario. Otras normas e instituciones han sido establecidas por leyes, cuya modificación o derogación deben estar contenidas en disposiciones del mismo nivel, el legislativo.
Los actos administrativos deben sujetarse a reglas. Según el artículo 189 de la Constitución, al presidente compete sancionar y promulgar las leyes, obedecerlas y velar por su estricto cumplimiento y ejercer la potestad reglamentaria, sometido siempre al contenido y mandatos de la normatividad reglamentada, mediante la expedición de los decretos, resoluciones y órdenes necesarios para la cumplida ejecución de las leyes. Pueden ser demandados ante el Consejo de Estado.
Ahora bien, si el Gobierno quiere asumir funciones legislativas, mediante la declaratoria de estados de excepción, estará sometido al control político del Congreso y jurídico de la Corte Constitucional.
Bogotá. D. C, julio 21 de 22026
*Expresidente de la Corte Constitucional.
El Presidente electo debería liberarse del juramento de obediencia y acatamiento a USA renunciando a esa ciudadanía, pudiendo actuar “LIBREMENTE” y sin ningún impedimento.
Por Carlos Ibáñez Muñoz*. - De todos es conocida la injerencia del gobierno de usa en la campaña que eligió a Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia. Ahora la inquietud es determinar si esa influencia incidirá en la gobernanza y si el presidente electo tiene la autonomía y capacidad para gobernar alejado de la intromisión de usa.
Esa inquietud ronda en la cabeza de millones de colombianos ya que además de la nacionalidad colombiana el Presidente electo es ciudadano norteamericano.
Sus primeros anuncios, la intromisión de Marcos Rubio Secretario de Estado Norteamericano en la campaña presidencial, la orden de deportación, con firma y todo, contra un influencer antagonista del gobierno electo quien tramitaba asilo, su reunión con el vice presidente electo José Manuel Restrepo, las manifestaciones y amenazas verbales del Presidente electo de enviar al departamento de Estado documentos que comprometen al gobierno que entrega, dejan un rastro de que el país será manejado bajo la órbita e influencia política de USA.
Antecedente importante fue la alabanza de Trump al presidente electo cuando fue elegido al expresar que era : “INTELIGENTE, FUERTE Y DECIDIDO” .
Abelardo de la Espriella como presidente electo de Colombia se ha expresado en retribución al elogio de usa con un tono de alineación y cooperación.
Los temas centrales en que intervendrá USA fueron SEGURIDAD, EMIGRACIÓN Y ECONOMÍA.
De destacar esos tres temas fundamentales para los dos países, pero ¿será que el gobierno entrante tendrá la autonomía suficiente para gestionar esos aspectos trascendentales del gobierno de la Nación, o el poder económico, militar y la política de intimidación y presión del país del norte se impone como suele suceder con muchos países en el mundo?
No desconozcamos así mismo que en términos de geopolítica a los EEUU les interesa tener control sobre Latinoamérica y Colombia está en una esquina estratégica, así mismo desean aniquilar el progresismo o la izquierda, y neutralizar la influencia de China y Rusia en la América hispana. De por sí, los países limítrofes con Colombia con excepción de Brasil, están cooperando con EEUU y hacen parte de su línea política.
Con un hipotético ejemplo saquemos la deducción: El gobierno de USA solicita al presidente de Colombia quien además es ciudadano norteamericano, que es importante instalar una base militar de USA en la península de la guajira frente al tema de seguridad y persecución del narcotráfico.
¿Cuál sería la respuesta del Presidente de Colombia? ¿Se declararía impedido o sería recusado por la oposición ya que al tener doble nacionalidad como ciudadano norteamericano juró obediencia y fidelidad al Estado Norte Americano al entregársele su ciudadanía?
¿Si no le obedece a su país de naturalización que implicaciones legales tendría con ellos? ¿Si el presidente electo acata la imposición del gobierno de USA estaría cometiendo el delito de Traición a la Patria?
En fin, el Presidente electo debería liberarse del juramento de obediencia y acatamiento a USA renunciando a esa ciudadanía, pudiendo actuar “LIBREMENTE” y sin ningún impedimento.
Escribiendo este artículo me entero de las desavenencias de la derecha por la conformación de los cuadros de dirección del Congreso de la República entre aliados, el Centro Democrático y el movimiento Firmes Por la Patria que eligieron al presidente De la Espriella.
Confrontación de balcón imperdibles que vaticina un gobierno tormentoso.
Bucaramanga, julio 21 de 2026
*Abogado. Exalcalde de Bucaramanga.
Así ocurrió el fin de semana con los colombianos que cayeron en poder del presidente Petro, cuyos últimos días le quedan enanos para confiscar las libertades de una nación.
Por: Gabriel Ortíz*. - Cuatro disparatados e irregulares años, sometidos a sustancias, climas y cercanías, conducen a graves pérdidas de memoria, a juicios y actuaciones anómalas, que desvían a los seres humanos. Muchos tratan de eludir los destrozos cerebrales con medicamentos y terapias profesionales, que quienes las burlan, profundizan la enfermedad.
Un caso crítico hemos venido soportando los colombianos durante esta cuarta parte del siglo XXI, cuando un ejemplar muy conocido, se involucró en esta sociedad, vendiéndose como salvador y único líder con certeras capacidades para eliminar los traumas de una nación.
Pero existen tiempos durante los cuales el engaño y la falacia se apoderan de la imaginación de estos seres, a los que rapan su voluntad, ad libintum y libertades.
Así ocurrió el fin de semana con los colombianos que cayeron en poder del presidente Petro, cuyos últimos días le quedan enanos para confiscar las libertades de una nación. Tenía que reportarse ante el Congreso, como la ley lo dispone, para inaugurar la legislatura y relatar su obra de gobierno, si la hubiere.
Esa tarde gris inició una perorata de más de dos horas, durante las cuales se inventó acciones que nunca realizó y que nadie conocía, pero que tal vez, reposan en el interior de ese emblema de la última letra del alfabeto Arameo, que cuelga de su mano derecha.
Su narrativa impresionó a los presentes y los televidentes con sus ejecuciones desde la Casa de Nariño. Ha acabado con la pobreza, ya nadie roba o asalta, incautó la totalidad de los cultivos de coca, hizo brillar la economía que hoy está en ruinas, ya no hay hambre, solo deja hoy a unos cuantos ricos, porque los demás colombianos pertenecen a una clase media muy pudiente. Calificó de servicio eficiente y muy profesional a la salud, que dejó de existir en Colombia, como se advierte en las interminables colas para alcanzar un médico o unos medicamentos. Mostró sí un barco que el Estado negoció con la esposa del ministro Jaramillo por una millonada, para atender zonas marítimas o fluviales.
Nada se diga de la fracasada paz total, ni de los 27 mil guerrilleros que asesinan y desplazan a los campesinos y habitantes de 850 municipios, expertos también en los votos fusil de las pasadas elecciones. Ni una palabra del “congelamiento” y destitución de calificados miembros del Ejército.
Como todas las mentiras que surgen cuando nada hay que mostrar, sacó de la manga la cruz del Arameo, un falso o desconocido “desarrollo empresarial de altísima tecnología, que nos coloca hoy en el primer mundo” con la fabricación, producción y exportación de carros eléctricos. No supo la ubicación de la fábrica, ni clase de vehículos. Pura imaginación. Le falló la memoria.
Así transcurrieron tres horas de mentiras en cadena, apoyadas con descompuestas imágenes y cuadros de televisión para sorprender y engañar a un congreso que esperaba conocer algo del mandatario que por fin deja el gobierno para fortuna de Colombia.
Petro olvidó la cortesía, porque abandonó furtivamente la reunión de inauguración del Congreso, sin siquiera despedirse, ni escuchar, como lo ordena la ley, a los senadores Julio Cesar Triana y Andrés Forero, quienes replicaron los engaños y falacias de Petro. Ellos sí dejaron en claro la farsa “petruna”, que infortunadamente desapareció de las pantallas de televisión.
BLANCO: Siguen las celebraciones en Colombia: solo faltan 13 días para que la hecatombe termine. Pero, pero: ya anuncian protestas y desmanes de ciertos enmascarados.
NEGRO: Petro no se va sin su acostumbrado acoso y agresiones contra la prensa durante el desfile del 20 de julio. Su integración estuvo en riesgo. El CPB, elevó su protesta por este hecho violento contra los medios.
Bogotá, D. C, julio 22 de 2026.
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.