Opinión
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- Para el observador extranjero, el proceso de destitución del presidente Trump es contradictorio. Todos los testigos que declararon en el proceso confirmaron que Trump abusó de los poderes de la presidencia para obtener la ayuda de Ucrania para favorecer su campaña a la reelección y que luego trató por todos los medios de obstruir la investigación sobre estos hechos. Son dos delitos graves que ameritan la destitución de un presidente, pues puso sus intereses personales por encima de su país; sin embargo todos los pronósticos apuntan a que Trump se mantendrá en el cargo y hasta puede ser reelegido ¿Por qué?
La causa próxima es muy clara. El partido republicano (PR) está férreamente unido para defender a Trump: en el proceso en la Cámara todos los representantes conservadores votaron en contra de la acusación al presidente y se espera que en el Senado, donde tienen la mayoría, se repita el voto a favor de Trump, con lo que se garantiza su absolución.
Entonces hay que reformular la pregunta: ¿Por qué todos los miembros de un partido político cierran los ojos, desconocen los hechos evidentes y apoyan a un presidente que actúa en contra de los principios y valores de ese partido? ¿Por qué después de las durísimas críticas a Trump por los precandidatos republicanos como Ted Cruz o Marco Rubio en la campaña de 2016, todos acabaron apoyándolo?
Para el Nobel de economía, Paul Krugman, la respuesta es que “el Partido Republicano es actualmente un partido profundamente corrupto” y que este proceso “es una prueba de hasta qué extremo el PR está dispuesto a degradarse”. Por dos razones. Primera, por sus intereses personales, pues los congresistas de ese partido temen ser derrotados en las próximas elecciones si no demuestran que apoyan a Trump a toda costa.
La segunda razón es económica. A pesar de que las actuaciones de Trump vayan en contra de valores tradicionales del PR (como defensa de la familia, oposición a los rusos, etc.), si les ha cumplido en su objetivo fundamental de bajar los impuestos a los más ricos. Esto no solo les permite a los congresistas del PR continuar recibiendo grandes donaciones de los multimillonarios, sino que les garantiza empleo en sus empresas al salir de los cargos públicos.
La conclusión de Krugman es preocupante para el futuro de la democracia: “el PR actual está totalmente dispuesto a vender lo que representan los EE.UU. si ese es el precio de conseguir recortes de impuestos para los ricos”. Y añade: “El gran interrogante es si el Estados Unidos que conocemos podrá aguantar mucho cuando uno de sus dos principales partidos ha rechazado de hecho los principios sobre los que se construyó la nación.”
Bogotá, D. C, 22 de diciembre de 2019
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por Jorge Robledo*.- En las últimas semanas, el senador Gustavo Petro se ha despachado contra todos –Fajardo, Claudia López, el Partido Verde y hasta el Comité Nacional de Paro–, incluido el Polo Democrático Alternativo, a cuyo Presidente, el concejal de Bogotá, Álvaro Argote, le lanzó el trino más agresivo y falaz que pudo: “Cace (sic) con el Polo un debate en el año 2010 sobre la existencia de un cartel de la contratación dirigido por los Moreno Rojas, prefirieron mi retiro antes que aceptarlo”. Su problema con esta afirmación –que repite desde hace una década– es que no puede demostrarla, porque sí dividió al Polo, pero no por esa razón, como está demostrado hasta la saciedad. (Enlace a los documentos que se citarán: bit.ly/2Mvoe4v).
El rompimiento de Petro con el Polo se inició al otro día del 22 de junio de 2010, cuando el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del partido –su máxima instancia para esos efectos– se declaró en oposición al gobierno de Juan Manuel Santos, quien acababa de ser puesto en la Presidencia de la República por el presidente Álvaro Uribe Vélez, a cuyo gobierno el Polo siempre se opuso. Porque ese 23 de junio, Petro –en contra de la posición definida por el Polo, del que había sido su candidato presidencial– le envió una carta formal a Juan Manuel Santos, que acababa de vencerlo en las urnas, proponiéndole llegar a acuerdos en su gobierno (1).
La carta de Petro cayó, como era obvio, muy mal en el Polo. Porque mandaba un mensaje de coincidencias con Santos, el ex ministro de Defensa y candidato presidencial de Uribe, con quien antagonizamos antes y durante la campaña electoral. Y porque Petro se dirigió a Santos en nombre del Polo cuando no tenía la potestad para hacerlo, como lo estableció la presidenta del partido, Clara López, quien debió desautorizarlo públicamente. Pero dicha desautorización no impidió que Petro se reuniera con Santos –no en una “reunión de cortesía”, como ha dicho Petro– y que llegaran a acuerdos, según informó, con foto y todo, la prensa (2). Y el apellido Moreno no apareció para nada en esta controversia pública (3).
El 2 de agosto siguiente, en el Comité Ejecutivo Nacional del Polo se debatieron las diferencias y se tomaron decisiones, como puede leerse en el acta de la reunión (4). Petro quedó en minoría en los dos temas para los que se citó el Comité, que ratificó su oposición, sin acuerdos, al gobierno de Santos y mantener en la presidencia del partido a Clara López, descartando la exigencia de Petro de elegirlo a él presidente del Polo. Antes de retirarse de la reunión, Petro hizo saber que no se sometería a los estatutos del partido y que se preparaba para romper con el Polo y dividirlo, como sucedió.
Petro venía de ser el candidato del Polo a la Presidencia de la República tras vencer en una consulta a Carlos Gaviria, a quien maltrató en ella y llevaba años maltratando. Pero así y todo el Polo le hizo la campaña, incluido el senador Iván Moreno, quien el 12 de mayo de 2010 le realizó un acto de respaldo (5).
Petro rompió con los Moreno –con quienes siempre hizo esfuerzos por acordarse para entre los dos sectores controlar al Polo (6)– el 20 de octubre de 2010, al acusarlos por la contratación en la Alcaldía de Bogotá. Aunque los cargos no les parecieron concluyentes a El Tiempo, Semana y La Silla Vacía (7), el 4 de noviembre el Comité de Ética del Polo les inició proceso formal. Y el 5 de febrero de 2011, la Junta Nacional del Polo convocada para este efecto –por unanimidad, incluidos los partidarios de Petro presentes en ella, aunque él no asistió– ratificó el rechazo del partido a toda forma de ilegalidad y corrupción y anunció que decidiría sobre este caso según avanzaran las decisiones legales.
Así, el 3 de marzo el Comité de Ética del Polo suspendió a Iván Moreno. Dos meses después, el Comité Ejecutivo Nacional le pidió a Samuel Moreno que renunciara a la Alcaldía de Bogotá y la Comisión de Ética también lo suspendió de la organización y el 20 de septiembre lo expulsó del partido, proceso que concluyó el presidente del Polo pidiéndole excusas al país por lo ocurrido. Con razón, Ramiro Bejarano explicó: “El Polo Democrático, apenas se presentaron las primeras acusaciones contra Samuel Moreno, inició su investigación interna, luego, posteriormente, lo sancionó y le pidió excusas al país…” (8) ¿Qué otro partido en Colombia, en situación semejante, ha actuado con el rigor con el que procedió el Polo?
Bogotá, 22 de diciembre de 2019.
*Senador del Polo Democrático Alternativo
@JERobledo
Por José Felix Lafaurie Rivera*.- La Navidad es tiempo de afecto y solidaridad; de “dar y recibir”, esperanzados en la paz que se ofrece a quienes lo hacen de buena voluntad. Por ello, convencido de la del presidente Duque, hago una lista de regalos que Colombia podrá recibir…, si hay buena voluntad.
Un salario mínimo que concilie las necesidades incuestionables de los trabajadores, con las limitaciones competitivas de los empresarios y las responsabilidades del Gobierno para que un mayor número de colombianos lo reciban.
El presidente ya demostró su voluntad con un incremento real sin precedentes en 2019. Los empresarios pasaron del 4,5% al 5%, pero los representantes de los trabajadores, que se quitan el sombrero del comité de paro y se ponen el de la Mesa de Concertación, llegaron con el tufillo extorsivo de la movilización y con una posición “inamovible”, antítesis de la concertación.
Pido que el Congreso, con responsabilidad, sin oportunismos ni chantajes, le regale al país una Ley de Crecimiento que ya aprobó hace un año y que hoy, con más veras, debería hacerlo por sus modificaciones de alto impacto social.
Cómo quitarles la devolución del IVA a tres millones de colombianos de bajos ingresos; cómo negarles la posibilidad de adquirir, en tres días al año, artículos que, sin ser suntuarios, no están a su alcance; cómo frustrar a los pensionados de menor ingreso, negándoles la reducción del aporte a salud, promesa traicionada por Santos después de conseguir sus votos.
Cómo negarles a los jóvenes la oportunidad de un primer empleo, premiando a las empresas que se los ofrezcan; cómo quitarle al campo recursos para vías terciarias con la sobretasa al sector financiero; cómo quitarnos la posibilidad de medicamentos baratos con el descuento del IVA en la cadena y un adecuado control de precios. Regalos de Navidad
Son regalos que no se pueden bajar del árbol de los colombianos, en el que el Gobierno ya puso otros, como la exención de imporrenta por siete años a nuevas empresas de economía naranja; y el más grande: crecer a tasas superiores al 3%, como pocos países en el mundo, con lo que representa en empleo y bienestar.
Infortunadamente, frente a la buena voluntad de muchos está la mezquindad de unos pocos, obstinados en quitar los regalos, tumbar el árbol y destruir la esperanza. No quieren diálogo sino negociación extorsiva; no presentan propuestas sino exigencias; ayer 13 y hoy 104 “inamovibles”, bajo la amenaza de no abandonar la calle. Siguen un libreto, envalentonados con el caos chileno y presentando, como advertí hace días, una colcha de retazos plagada de exigencias que rayan en la insensatez, ya sea por imposibles sin romper la democracia -lo que realmente quieren- o porque son de largo plazo, lo que me hace pensar que… se convertirán en “habitantes de calle”.
A los colombianos de buena voluntad, paz en sus hogares y Feliz Navidad.
Bogotá, D. C, 21 de diciembre de 2019
*Presidente FEDEGAN
Por: Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez *.- ¡Llegó diciembre con su alegría! Es el clamor de muchos cuando desde noviembre se comienzan a escuchar los villancicos. Pero, ¿qué debe significar realmente el mes de diciembre para nosotros los católicos? Con el tiempo de adviento se ofrece a todos la posibilidad de una preparación espiritual, de manera que los corazones y los espíritus se dispongan adecuadamente para recibir al Dios Niño, que de nuevo quiere nacer en todos, para ratificar el amor que nos tiene, para decirnos que renueva su presencia paternal y protectora entre nosotros, para recordarnos que sigue siendo nuestro compañero de camino.
Así las cosas, diciembre, con la solemnidad de navidad, es un tiempo especial donde la alegría y la esperanza son los rasgos propios de estos días. Oración y júbilo, expresados en la caridad solidaria, más allá de los aguinaldos, son los que deben sobresalir.
Pero también este debe ser el mes de la familia. En general se tiene la oportunidad de compartir juntos varios días, muchos alrededor del pesebre se reúnen para adorar el misterio de la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios y para compartir con los demás el gozo de una misma fe; otros lo hacen en su casa de descanso o en viajes, pero en general en familia. Que no se olviden de orar juntos, de dar gracias a Dios porque les ha dado la posibilidad de terminar otro año con vida, y en él les propició la dicha de haber superado las distintas situaciones alegres y difíciles que se presentaron.
Pero qué bueno que este mes fuera también el de la solidaridad. Cuántas personas no tienen quien les diga ¡feliz navidad,! o les desee un ¡feliz año nuevo! Cuántos tienen que pasar estos días solos, abandonados de los seres queridos o enfermos, o en una cárcel o trabajando.
Cuántos no tienen nada que comer, y muchos dilapidando el dinero en cosas suntuosas o innecesarias. El misterio de la navidad nos tiene que llevar a todos a mirar a los que sufren a los pobres, a los hambrientos, a los que no tienen un techo donde dormir. Que los que tienen alguna posibilidad, enseñen a los hijos a dar el aguinaldo del amor y la caridad, no de lo que les sobra o no les gusta, sino de lo que tienen con amor. Un desprendimiento con sentido produce un inmenso gozo, según aquello del apóstol cuando afirma que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch. 20, 35). Ese sentimiento lo tenemos que recuperar.
En fin, a todos los fieles de la Arquidiócesis de Cali, a todos los que hacen parte de esta Iglesia Arquidiocesana, Obispos, clérigos, religiosos, religiosas y laicos, mis mejores deseos de una santa Navidad. Y que en el nuevo año, el Señor a todos nos regale el don maravilloso de la paz.
Bendiciones a todos.
+Obispo Auxiliar de Cali
Por Gabriel Ortiz*.- Mientras todos creían que el burrito sabanero llegaría a Belén, un Presidente con sus funcionarios y muchos parlamentarios embadurnados hasta el alma con la mermelada “made in Duque”, engañaron a un pueblo que esperaba equidad económica y social.
El clamor de una juventud, que acompañada por sus mayores, recorría calles, parques y avenidas en forma civilizada y creativa pregonando y reclamando con música y cacerolazos sus derechos, quedó burlado y a la espera de nuevos gobernantes que entiendan las necesidades de una nación empobrecida que está despertando. Ojo: está despertando y excitándose.
En estos últimos días son muchas las cosas que se han presentado y que pueden conducirnos a la ira social, con todas sus consecuencias.
Esta Ley de crecimiento económico para venerar a los más ricos y arruinar al grueso de la población, ley que mengua a la clase media, que deprime a los pensionados, que -como la anterior- no creará un solo empleo, que encandila a los menesterosos con supuestas devoluciones de un IVA imposible de retornar, que mengua aún más la educación, que degrada la salud y que tanta vida arranca a los colombianos.
Nada diferente podría esperarse de un ministro que por acción de la “nueva mermelada” se salvó de una moción de censura. De ese que empobreció 117 municipios con sus bonos de agua. Municipios que por ello no pueden entregar líquido potable a sus ciudadanos.
A todo esto se suman otros hechos muy preocupantes, como la aparición de nuevos falsos positivos. En buena hora aparece la JEP, que tenía acta de defunción. Este gobierno quiso borrarla de tajo, incluyendo la paz y las curules para las víctimas. El último falso positivo, el de Valdivia, pone a muchos a pensar sobre el paradero de los responsables, muchos de los cuales aún están en las filas.
Los asesinatos de los líderes sociales y defensores de los Derechos Humanos, continúan a diario, sin que haya responsables identificados.
El millón de cooperantes -sapos- parece estar actuando. Este cuerpo que fue armado por Botero y respaldado por Duque, capturó a un venezolano que se atrevió a tomar una foto de la residencia del Presidente en norte de Bogotá. ¿Por qué no se irá a vivir en Casa de Nari? Parece que en Colombia, como en el Chile de Pinochet, no se pueden tomar fotos de ciertos lugares.
Pero en esta amarga navidad, hay cosas buenas, como el espejismo económico que en Mompox soltó Duque, que a decir de muchos, ¿para qué entonces la retardataria reforma tributaria? La cárcel para los corruptos, con mico y todo, los 104 puntos de los marchantes sobre los cuales solo conversará el presidente.
Algo es algo, en este mar de desaciertos. ¡Mejor vamos a Belén!
BLANCO: El acogedor mensaje del Papa Francisco a través de Julito en La W: “Colombianos: no se dejen robar la esperanza, ni la alegría”.
NEGRO: El peaje que establecerán en las calles de Cartagena.
Bogotá, D. C, 20 de diciembre de 2019
Por José G. Hernández*.-Tienen lugar las reuniones de concertación -entre Gobierno, empresarios y centrales sindicales-, con el objeto de procurar un acuerdo que permita la fijación del salario mínimo para 2020, de conformidad con lo previsto en el artículo 55 de la Constitución. Si no hay acuerdo, el salario mínimo será fijado por el Presidente de la República mediante decreto.
Como lo expresó la Corte Constitucional (Sentencia C-815 de 1999), “la atribución del Ejecutivo es, en el contexto aludido, netamente subsidiaria, lo cual significa que no adquiere competencia para dictar el decreto que fije el salario mínimo unilateralmente si no se han agotado las etapas anteriores, que buscaban el consenso como primer objetivo. No goza el Gobierno en esta hipótesis de una facultad discrecional y menos todavía arbitraria. Está sujeto a unos límites que la misma norma legal introduce (...) y con los criterios constitucionales propios del Estado Social de Derecho, la especial protección al trabajo y la remuneración mínima vital y móvil a la que tienen derecho los trabajadores; todo lo cual significa que la motivación del decreto que el Gobierno expida los deberá contemplar en su totalidad y considerando la prevalencia que tienen los criterios constitucionales enunciados”.
Hacemos votos porque, en esta ocasión, se llegue a un acuerdo, en bien de los trabajadores y sus familias. Pero, además, para que se calcule un ajuste que tenga en consideración la consabida cascada de alzas en bienes y servicios, la cual, como ocurre todos los años, anula muy pronto el ajuste salarial y disminuye, en términos reales, el ingreso de los asalariados.
De todas maneras, es necesario insistir en la aplicación de los artículos 25 y 53 de la Constitución, que consagran como principio fundamental el derecho de los trabajadores a una remuneración digna, mínima, vital y móvil, que les permita enfrentar los altos costos de la inflación y mantener por lo menos el poder adquisitivo de la moneda. Así lo ha exigido reiterada jurisprudencia constitucional.
Desde 1998, la Corte ha señalado con carácter obligatorio - en sentencias que han hecho tránsito a cosa juzgada constitucional- que el ajuste del salario mínimo debe partir, hacia arriba, del índice de precios al consumidor del año que termina. Es decir, de la inflación causada. Por debajo de ese índice no puede quedar el ajuste. Y se debe tener en cuenta la productividad - punto en que este año se controvierte la cifra entregada por el Dane.
Lo que busca la Constitución es una remuneración justa y equilibrada para los trabajadores. Un objetivo propio del Estado Social y Democrático de Derecho, pero que -infortunadamente- sigue siendo una utopía, porque en realidad el Estado colombiano no dirige la economía, como lo exige el artículo 334 de la Carta, ni es capaz de intervenir en ella para poner en ejecución mecanismos adecuados de control sobre los precios y la especulación.
Bogotá, D. C, 18 de diciembre de 2019
*Expresidente de la Corte Constitucional.
Por Víctor G. Ricardo*.- Con el inicio de las novenas, se acerca la época favorita de todo colombiano: la navidad.
Tanto Bogotá como el resto del país se viste de luces, y la comida que llena el alma como la natilla y el buñuelo se pone de moda, mientras los villancicos suenan en cada esquina.
Para los colombianos esta es una época muy representativa, una época para reflexionar, para recogerse en familia, dar gracias por lo que tenemos y empezar a pensar que queremos continuar o cambiar en el nuevo año que llega.
Yo le propongo a los colombianos que empecemos por lo más íntimo, pues reflexionar en nuestros valores y nuestros principios, en el ejemplo que le damos a nuestros hijos, en cómo hablamos de los otros, en cómo debemos empezar por juzgarnos a nosotros mismos antes que a los demás. En esta navidad yo le propongo a los colombianos que hagamos un compromiso de conciencia con el futuro de nuestro país, las instituciones, las campañas y actos anticorrupción, los compromisos y actos de construcción de equidad, de reconciliación y sobre todo de pensar no solo en uno mismo sino en un país y su futuro.
Por los colombianos, no me refiero solamente al pueblo colombiano, me refiero también y fundamentalmente a los líderes, familiares, políticos y de cualquier otra índole, porque son ellos quienes tienen la responsabilidad de dar ejemplo y mediante el ejemplo liderar a todo un pueblo.
Éste año le deseo a todos los colombianos vivir en paz, que el motor de su vida sea el amor, el cariño, las buenas intenciones, les deseo que puedan acceder a todo aquello que les falta hoy; bien sea educación, salud, el trabajo, justicia, paz y equidad.
Tenemos que superar la polarización para unirnos todos en un solo propósito: Colombia.
Solo así podremos construir un mejor país para nuestros hijos y una Nación donde podamos trabajar por su desarrollo y mejoras que les podamos heredar.
Nuestro país y nosotros somos muy afortunados. También es un tiempo para agradecer, para valorar todo lo que tenemos. Como país, contamos con recursos naturales e interesados en crear empresa aquí, tanto pública como privada.
Estos deben ser nuestros compromisos para el año 2020 que está por llegar.
Destruir es bastante fácil. Difícil es construir mirando el futuro.
Bienvenido el año que viene, pero sobre todo bienvenido el compromiso de todos, que conjuntamente genere un espacio de mejora para un futuro sólido y garantice que las costumbres sanas sean las que imperen en nuestra sociedad.
Bogotá, D. C, 18 de diciembre de 2019
*Excomisionado de Paz.
Por Raúl D. García S*.-Por segunda vez en mi vida, me ha tocado vivir fuera mi querido País y es inevitable para una mente inquieta, preguntarse y comparar desde lo más complejo hasta las cosas en apariencia más simples, como el agua potable o los intereses de las personas en cada región que he visitado.
En esta oportunidad he viajado a España movido por motivos muy personales, sumados al gran desmantelamiento del que está siendo víctima nuestra Venezuela y por consiguiente el incalculable robo del que somos sujeto cada uno de los venezolanos. Lo que ha generado una cotidianidad invivible y desgastante para todos. Costándonos nuestra calma, estabilidad mental, bienes, unión familiar, la vida, entre tantas cosas. Que no son mediáticas pero que están allí y suceden todos los días a muchos de nosotros.
Lo primero que impacta al llegar a un país como España desarrollado es la sensación de orden, que las cosas cumplen el objeto la misión para lo que fueron hechas. No sólo elementos como las calles, los tramos peatonales, los postes, los drenajes sino las leyes, se observa que los ciudadanos propios y ajenos tienen cuidado de no transgredirlas es algo que está siempre presente, una barrera invisible, omnipresente.
Estos elementos ya no se perciben en Venezuela, esa barrera no existe desde hace ya un tiempo, otro aspecto muy notable es la naturaleza de los muebles y objetos que edifican una ciudad, en Venezuela predomina lo desechable lo perecedero en corto plazo, las edificaciones, calles, plazas, alumbrado, construidas con caducidad planeada o durabilidad limitada, materiales poco duraderos. Mientras en España Observo que todo está construido para durar, las calles (asfaltados) soportan las constantes lluvias, los cambios de climas durante las estaciones, los pasamanos son de acero inoxidable, las señalizaciones, los faroles, hay drenajes coherentes.
En general pareciera que unos construyeran lo que aman, una ciudad para vivir y los otros simplemente construyen para comisionar sin importarles que resulta y cuánto dura. Esta gran diferencia nos lleva a reflexionar, caemos en lo humano, observamos que los “líderes” políticos revolucionarios o de oposición, en su mayoría los más poderosos tienen a sus hijos fuera de Venezuela, buscan una vida de calidad que ellos no están construyendo en nuestro país. Allí radica el cáncer que padece nuestra hermosa Venezuela: Necesitamos políticos, gerentes, que les importe que deseen criar y educar a sus hijos en este país. Por ley debería exigirse a los ocupantes de cargos públicos la obligatoriedad de vivir en la región a la que le deben su cargo.
*Periodista Independiente
e-mail:
Por Guillermo García Realpe*. -El sur del país, es una de las regiones más lindas y con la mayor riqueza hídrica y ambiental de Colombia, pero vive desde hace meses, una oleada de violencia e inseguridad que desde hace mucho tiempo no veíamos con tanta intensidad, particularmente en departamentos como el Cauca y Nariño, pueblos hermanos que comparten además de fronteras, muchas tradiciones sociales y culturales.
Allí en tiempos del proceso de paz, se respiraba eso: Paz, pero con el cambio de gobierno y su poca voluntad de continuar fortaleciéndolo, fue caldo de cultivo para los violentos que se apoderaron nuevamente de estos territorios, aprovecharon que la Paz se está haciendo trizas, para volver a imponer el miedo y sembrar violencia entre la población.
Y es que en Cauca y Nariño convergen todos los problemas; delincuencia común, guerrillas, disidencias, paramilitares, pobreza, marginalidad, coca y por ende narcotráfico, el peor de todos y el responsable de la oleada de inseguridad principalmente en poblaciones de la costa pacífica.
Ese maldito negocio, es el que copta a muchas familias, a muchos de nuestros jóvenes que ante la falta de oportunidades no les queda más salida que aceptar la oferta e internarse en las más inhóspitas selvas donde lo único que pueden ver son cultivos ilícitos. Aquel círculo del mal tiene que detenerse, pero lo complejo del caso es que la única ayuda que ofrece el Estado a las regiones de la otra Colombia cuando se le reclama por inversión social, es enviar pelotones de soldados armados hasta los dientes para tratar de contener lo incontenible y mientras se mantenga esa dinámica será muy difícil hacerle frente a ese poderoso negocio que lo único que deja en nuestras regiones es pobreza, muerte y desolación.
Cauca y Nariño son escenarios hoy de un baño de sangre generalizado, no sólo con los líderes y lideresas sociales, sino también contra los pueblos indígenas y afros, pero también contra líderes ambientales, de restitución de tierras y defensores de Derechos Humanos, todos han caído abatidos por las balas asesinas de los violentos que se oponen a que estos territorios tengan autonomía y vivan en paz.
En los últimos días en Nariño, por ejemplo, ha sido también uno de los departamentos donde se vive una confrontación generalizada, sobre todo en la cordillera occidental y el piedemonte pacífico que han generado muchos muertos y muchos desplazados.
Hace poco, como lo denunció la comunidad, hubo el asesinato de por lo menos ocho militantes de la estructura ilegal Steven González y la muerte de su comandante alias “Sábalo” a manos del ELN, se dice que no hay una cifra oficial, pero sí decenas de muertos en la zona, que es la misma zona del río Patía, en la ruta que comunica al Piedemonte Pacífico, pero también hay frentes de guerra de varias disidencias de las FARC, de las gaitanistas, de la guerrilla unida del Pacífico, de la Oliver Sinisterra, y se anuncia por parte de ciertas disidencias la creación de otro frente de guerra autodenominado “Alfonso Cano”, eso además de los muertos, ha causado el desplazamiento de cientos de familias que han tenido que huir de sus territorios y buscar refugio en las cabeceras municipales de Roberto Payán, Magüí y Chachagüí y esta situación no se ha atendido debidamente por parte de los organismos correspondientes.
Entonces, mientras el Estado colombiano siga indiferente a estas realidades y mientras los gobiernos sólo les interesen combatir estás grandes tragedias por la vía militar, esto no tendrá fin. Aquí lo que se necesita, además de soldados y de no hacer trizas el proceso de paz, es conocer las regiones a fondo, sintonizarse con las comunidades y articular esfuerzos en lo que ellas reclaman, que son vías en buen estado, infraestructura, proyectos productivos legales y rentables, acceso a salud y buena educación, y desde luego la reconstrucción del tejido social, sólo así las futuras generaciones de esos territorios ya no serán presa de los violentos y del narcotráfico, los grandes culpables de arrebatarle sus sueños.
Bogotá, D. C, 16 de diciembre de 2019
*Senador de la República
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- La semana pasada señalaba al señor Gini como el peligroso agitador extranjero que con su índice de desigualdad estaba desestabilizando el país, y decía además que este índice se había vuelto subversivo porque hoy la desigualdad era mucho más visible, notoria e hiriente.
Un amigo lector rechazó la tesis de que la desigualdad hubiera aumentado porque, de acuerdo con el Dane, entre el 2010 y 2017 mejoró la distribución del ingreso medida con ese índice Gini, que pasó de 56 a 51, y solo el año pasado volvió a subir un punto hasta 52. Lo que olvida mi amigo es que en los años 80 del siglo pasado el índice estaba por debajo de 50, es decir que con el esfuerzo de esta última década solo hemos corregido parcialmente los desastrosos efectos de la apertura neoliberal.
Sin embargo, aunque el Gini haya bajado un poco o se mantenga igual, sigue siendo cierto que la desigualdad ha aumentado. ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? Muy sencillo: el Gini mide la desigualdad relativa que puede no haber cambiado, mientras que lo que la gente siente y sufre en carne propia es la desigualdad absoluta que si ha aumentado.
Una sencilla aritmética ilustra esta realidad. Hoy en Colombia el 1% más rico de la población se queda con, el 20% del ingreso, y el 1% más pobre solo con el 0.1%, es decir, que los más ricos ganan 200 veces más que lo que reciben los más pobres. Como hace 30 años esta diferencia era similar, entonces la distribución porcentual de ingreso no ha cambiado y el Gini se debe mantener en los mismos niveles.
Pero la conclusión es muy diferente cuando se miran los pesos en el bolsillo de cada grupo y no los porcentajes. A partir de las cifras del Dane se puede estimar que en 1994 el ingreso anual per capita del 1% más rico era $144 millones de hoy, es decir unos $12 millones mensuales. El del 1% más pobre era 200 veces menos, $720.000 anuales o $60.000 mensuales.
En el 2018 el ingreso anual de los más ricos había aumentado a $250 millones (unos $20.8 millones al mes), y el de los más pobres llegó a $1.25 millones al año (un poco más de $100.000 al mes). En porcentajes los ingresos de los dos grupos aumentaron el mismo 72% y la desigualdad relativa se mantuvo igual (el más rico sigue ganando 200 veces más).
Como el mercado no se compra con porcentajes sino con pesos, lo que ve la gente es la diferencia entre lo que puede comprar con los pesos que recibe, y esta desigualdad si aumentó mucho.
En efecto, en 1994 el más rico recibía $144.1 millones más que el más pobre, diferencia que se incrementó a $248.5 millones en 2018. El pobre sigue sin poder comprar la canasta familiar mínima mientras que el rico ha aumentado su capacidad de gasto y consumo de bienes de lujo y suntuarios. Por eso algunos pueden pagar $600 millones por un carro o $10 millones por un palco para un concierto y otros no tienen para una bolsa de leche.
Cali 15 de diciembre de 2019
*Filósofo y Economista. Consultor.