Opinión
Por José G. Hernández.-Cuando se discutía el proyecto de lo que hoy es el A.L. 1 /17, que creó la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, decíamos que, a nuestro juicio, respecto a delitos cometidos con posterioridad a la fecha de firma del Acuerdo de Paz con las Farc (24 de noviembre de 2016), las normas pertinentes debían dar lugar a que, de manera automática, los autores quedaran sometidos a la jurisdicción ordinaria y fueran excluidos -también de manera automática- del beneficio de no ser extraditados.
Discrepamos del proyecto, que confiaba a la JEP la definición sobre si los posibles delitos fueron cometidos antes o después de la firma del Acuerdo, porque, de una parte, ella que hasta ahora iniciaría su actividad- carecería por completo de elementos de juicio para esa definición, y por otro lado, de allí dependería la determinación sobre la jurisdicción competente para decidir de fondo, lo que reclamaba un tribunal imparcial que dirimiera el asunto.
No obstante, la tesis que acogió el Congreso fue la contraria, y el artículo 19 transitorio de la reforma, declarado exequible por la Corte Constitucional (Sentencia C-674/17), estableció lo que hoy –tras nueve meses de idas y venidas y hasta de cartas extraviadas- no se ha podido aplicar en el caso “Santrich”:
“Cuando se alegue, respecto de un integrante de las Farc-Ep o de una persona acusada de ser integrante de dicha organización, que la conducta atribuida en la solicitud de extradición hubiere ocurrido con posterioridad a la firma del Acuerdo Final, la Sección de Revisión del Tribunal para la Paz evaluará la conducta atribuida para determinar la fecha precisa de su realización y decidir el procedimiento apropiado”.
Entonces, el asunto ya no está sujeto a discusión. Aunque la solución no sea satisfactoria, el punto está resuelto por norma constitucional exequible y vigente. Debe ser cumplida.
En consecuencia, la Sección de Revisión de la JEP es la llamada a definir la fecha exacta de los posibles delitos a los que se refiere el reclamo de los Estados Unidos y la solicitud de extradición de alias “Jesús Santrich”. Para hacerlo, como no tiene las pruebas, las solicita. Concede un término, y la carta rogatoria dirigida a las autoridades norteamericanas se pierde, y solamente se sabe del extravío después de vencido el término.
Con independencia de la investigación que debe ser adelantada en los ministerios de Relaciones Exteriores y Justicia respecto a ese increíble descuido, lo cierto es que el proceso debe seguir, y que están de por medio no solamente la libertad y la suerte procesal del señor “Santrich” -quien tiene derecho a que se resuelva sobre su caso- sino las relaciones de cooperación judicial con los Estados Unidos y, lo que es más importante, la certidumbre que debemos tener todos los colombianos acerca de la aplicación y el estricto cumplimiento del Acuerdo de Paz y de las normas de su implementación, pues los miembros de las Farc se comprometieron a no reincidir en su actividad delictiva.
Hay que superar el hecho insólito y hacer valer el Derecho sustancial. La JEP tiene la palabra.
Bogotá, D. C, 6 de enero de 2019
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Jairo Gómez*.- Roma, una excelente película. Majestuosa y atrevida propuesta la de Cuarón. Es una cinta que desconoce de muros porque es auténticamente universal. Es un filme que se sale del fastuoso molde de Hollywood, pero no de sus intenciones políticas.
Que la academia colme de nominaciones a Roma, tiene un claro designio: ridiculizar la política migratoria de Trump. Es un espaldarazo a los migrantes latinoamericanos, pero también a los africanos que hoy buscan mejor vida en Europa. Es una respuesta a los nacionalismos populistas que promueve la derecha ultranacionalista, hoy en la agenda del despacho oval.
Es un nuevo round entre Hollywood y la Casa Blanca; no solo la academia nominó Roma, también lo hizo con Infiltrado en el KKKLAN y, por primera vez, una producción sobre los superhéroes, La Pantera Negra, logra conquistar un escaño a mejor película. Otro ingrediente para a tener en cuenta, no es aislado: se trata de una bofetada a la excluyente propuesta de Trump de “América Primero” que ha sido interpretada, por sus seguidores, como una agencia promotora de la “supremacía blanca”.
La película de Spike Lee, inflexible crítico del magnate a quien califica de racista y no lo baja de “hijo de puta”, encontró en Hollywood su mejor aliado, tras viajar 40 años en el tiempo para contar las canalladas del Ku Klus Klan al final de la película las asocia a los acontecimientos de Charlottesville en 2017, cuando un vehículo arremetió contra una multitud que protestaba contra una manifestación de supremacistas blancos.
Es un férreo opositor a las políticas de Trump a quien también llama “agente naranja”, en clara alusión a la bomba que Estados Unidos utilizó en la Guerra de Vietnam. A eso le juega Hollywood, a desestabilizar al millonario presidente, como también lo hacen los grandes medios de comunicación de ascendencia demócratas que cuestionan la impredecible gestión del gobernante de la Casa Blanca.
En una lámpara de calor constante se ha convertido la relación entre Trump y quienes controlan Hollywood; es evidente que las historias y producciones cinematográficas que de alguna manera cuestionan los programas de gobierno, tienen relevancia y hoy se abren espacio sin controversia alguna en la meca del cine. Para la muestra un botón: una cinta insulsa, con una historia irrelevante como La Pantera Negra, fue nominada al Óscar a la mejor película.
Hace un año, en los días previos al discurso sobre el estado de la nación, varias estrellas de la gran carpa del cine mundial decidieron montarle un discurso paralelo al presidente Trump, en ese momento Mark Ruffalo lo justificó diciendo que “es más importante porque tenemos un presidente que tiene dificultades con la verdad, que tiene una agenda radical y divisiva y que gasta una enorme cantidad de tiempo centrándose en lo negativo, la desesperanza y la desesperación”.
El presidente Trump no la pasa bien con Hollywood en donde la influencia de los demócratas es inocultable y tienen en la agenda del gran cine un as bajo la manga para desprestigiar y meterle golpes bajos a los republicanos, quienes hoy ven amenazada la posibilidad de otros cuatro años en la Casa Blanca; para ellos, perder el control de la Cámara fue un duro revés a las aspiraciones del magnate que no calla y hace de lo impredecible su mejor arma.
“El verdadero poder es -ni tan siquiera quiero utilizar la palabra- el miedo”, frase que recuerda en su libro el prestigioso periodista Bob Woodward en su libro MIEDO, Trump en la Casa Blanca. Eso produce Donald Trump, y Hollywood lo sabe.
Bogotá D. C, 5 de enero de 2019
*Periodista. Analista Político.
@jairotevi
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- Hay de todo en el Hay. En el festival de literatura también se presentan los autores de libros de ciencia, historia, política, economía, o ecología. Uno de los conversatorios más impactantes fue el que sostuvieron Patricia Lara y el sacerdote jesuita Francisco de Roux sobre el conflicto colombiano. Aunque los dos han escrito libros sobre los orígenes y el desarrollo del conflicto, lo que hubo no fue una discusión académica sino un compartir los relatos de las víctimas y lo que está haciendo la Comisión de la Verdad, que preside el padre Francisco para escucharlos y tratar de evitar que se repitan.
Muchas de las historias de las víctimas son desgarradoras. Mujeres violadas, soldados mutilados, familias destrozadas por el secuestro, madres que vieron masacrar a sus hijos o que no los vieron morir porque los desaparecieron y fueron un falso positivo. Son las heridas abiertas de una guerra demasiado larga y que deben ser reparadas.
Dos conclusiones preocupantes quedan después de oírlos. La primera es la magnitud del conflicto manifestada en la cantidad de víctimas, y la insensibilidad de la sociedad frente a esta tragedia. Más de 8 millones de víctimas registradas; más de 400.000 muertos; más 60.000 desaparecidos hacen del conflicto interno colombiano uno de los más sangrientos en relación al tamaño de su población. El mandato de la Comisión incluye tratar de entender el impacto de esta tragedia.
Contrasta el dolor de esos 8 millones de colombianos con la insensibilidad de gran parte de la sociedad, sobre todo la urbana, que no siente que el problema sea con ellos. Por eso insiste el padre Francisco en que una de las tareas fundamentales de la Comisión es escuchar esas historias y hacerlas visibles para que todos comprendamos que el asesinato de una sola persona es una herida para todo el país.
En contra del “Elogio al olvido” que propone David Rieff en el libro del mismo título, la Comisión reivindica la importancia de rescatar para la memoria lo sucedido para que no se repita. La segunda es constatar que el conflicto, si bien ha disminuido, no ha terminado porque sus causas y raíces siguen vivas y coleando en las mismas regiones que los han padecido por décadas.
Cartagena de Indias, 3 de febrero de 2019
*Filósofo, Economista y Consultor.
Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez*.- Cuando el Papa Francisco se dirigió por primera vez a los jóvenes en Panamá, recordó sus palabras en la última Jornada Mundial de la Juventud de Polonia, en la que dijo que no sabía si podría venir a Panamá, pero que de todos modos aseguraba, que Pedro iría. Así entonces, de forma tajante, como efectivamente pudo venir personalmente, les dijo: “ahora les habla Pedro”. De igual manera, cuando terminó, en el estadio Olímpico de Ciudad de Panamá, a los más de 23.000 voluntarios, les repitió las mismas palabras, asegurándoles que no sabía si iría a Lisboa en el 2022, pero que de todos modos iría Pedro.
La Jornada mundial de la Juventud, como todos y cada uno de los encuentros con el Papa, sea en Roma, como en cada una de sus peregrinaciones a lo largo y ancho del mundo, son un verdadero encuentro con Pedro, que tiene, entre otras cosas, la misión de confirmarnos en la fe.
A eso viene Papa a cada país que visita, esa es su tarea en cada discurso u homilía pronunciada.
Ahora en Panamá, de nuevo nos habló Pedro. Y lo hizo de manera genérica, en nombre de Jesús, para que cada uno logre descubrir lo que el Señor le está diciendo de acuerdo a su situación puntual, pero también habló directamente a personas, a grupos a instituciones. Cómo no destacar su directo y apremiante mensaje al pueblo colombiano y su sentida oración en sufragio por las almas de los cadetes asesinados en Bogotá. Todo indica que esto es un hecho inédito en el protocolo Vaticano, el que un Papa ore públicamente, con nombre y apellidos, por unos jóvenes asesinados en un país. Se destacan varias cosas. El afecto que tiene por nuestro país, que visitó recientemente y al que invitó a apaciguar los corazones y a ser artesanos de la paz, pero también, su sensibilidad ante las víctimas inocentes y sus familias.
Un nuevo llamado a la paz nos hizo, que recuerdo: “jóvenes alumnos de la Escuela de Cadetes de Policía “General Francisco de Paula Santander” en Colombia, asesinados por el odio terrorista. Estos jóvenes fueron ofrenda en la Misa, y como recuerdo de ellos, me permito en este Ángelus nombrarlos, y cada uno en el corazón, en voz alta en el corazón, diga esa palabra que se suele decir en estos institutos cuando se nombra a un muerto: “presente”. Que estén presentes delante de Dios… Te pedimos Señor que les des su paz y al pueblo colombiano que también le des su paz. Amén”. Aquí hubo un renovado llamado para que cese el odio terrorista, y para que juntos podamos lograr la meta de una sociedad que viva en paz, sin odios, sin rencores, si muertes fratricidas.
Nos habló Pedro, como en Colombia, cuando en Villavicencio, ante el Cristo de Bojayá nos dijo. “Colombia, abre tu corazón de Pueblo de Dios, déjate reconciliar… No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”. Qué bueno fuera que lo escucháramos todos y pusiéramos en práctica su llamado a la paz.
Finalmente, un dato que pocos medios destacaron. El Papa Francisco, nuevamente estuvo en Colombia. En efecto, puesto que según las normas internacionales y los artículos 17 y 21 de la Convención Internacional sobre Aviación Civil de 1944, los aviones tienen la nacionalidad del país en el que fueron registrados, es decir, hacen parte del territorio del país que representan con su bandera, al viajar el Papa Francisco en una aerolínea que tenía la bandera colombiana, durante su trayecto, y hasta que no descienda de él, estuvo en territorio colombiano. Qué alegría y que honor.
Cali, 3 de febrero de 2019
*Obispo Auxiliar de Cali
Fuente Conferencia Episcopal de Colombia
Por Jorge Enrique Robledo*.- El Tribunal Superior de Cundinamarca nos otorgó –con José Roberto Acosta y la Procuraduría– una medida cautelar que prohibió la venta de Medimás EPS a la norteamericana DBMS o a cualquier otro, si no se asegura que se cumplan unas condiciones que garanticen la salud de los colombianos y no, simplemente, las ganancias del vendedor y el comprador (https://bit.ly/2SjaeyN). Así se le dio su merecido mentís a la falsedad de que pueden hacer lo que se les dé la gana porque se trata de un negocio “entre privados”, en el que el Estado no puede intervenir, como si la ley no lo autorizara ni estuvieran en juego cuatro billones de pesos anuales de recursos públicos y el derecho a la salud de 4,2 millones de colombianos.
Lo que se busca con esta acción popular son garantías para la adecuada prestación del servicio de salud a los usuarios de Medimás, el respeto de los derechos laborales de los trabajadores de la EPS y Esimed y el cumplido pago de las deudas a las clínicas y hospitales, públicos y privados, que le sirven a Medimás. Si no fuera en la Colombia de las astucias y corruptelas, estos deberes empresariales básicos no tendrían que reclamarse ante los jueces.
Confirmando las denuncias que hicimos hace año y medio para que no se consumara dicho negocio, Medimás falló desde el inicio de su operación, fallas que se han empeorado en el trato a sus pacientes y empleados y en su incapacidad administrativa y financiera, hasta el punto de que Esimed (Medimás) tiene once clínicas cerradas con siete mil trabajadores a los que no les paga desde octubre y que el gobierno acaba de quitarle los usuarios de Sucre, Chocó y Cesar. Y sus pésimas cifras económicas están en la base de la mala calidad de los servicios que presta: tiene cuotas incumplidas por 123.260 millones de pesos de la compra de Saludcoop y Cafesalud, acumula pérdidas por 716.147 millones y deudas por 2,2 billones, frente a activos totales de 1,95 billones, luego el comprador también adquirirá no pocos pleitos con el Estado, en el que el país perderá sumas enormes si se dirimen bajo las cláusulas del TLC con Estados Unidos.
El norteamericano interesado, ¡que le remitió al presidente Duque la copia de una carta de compra por Medimás con falsedades!, tiene además toda la pinta del aventurero inexperto lanzado a capturar el chorro de los 300 mil millones de pesos mensuales de la plata pública de la UPC, al igual que la conocida impunidad de la que gozan las EPS.
Aunque el pésimo negocio para el país de Medimás lo montó el gobierno de Santos y Duque desea continuarlo –¡otra vez de acuerdo!–, lo cierto es que estas desgracias son causadas por la Ley 100 de 1993, aplicada desde entonces por todos los gobiernos. Medimás es el resultado de la corrupción de Saludcoop, incluida la que practicó el interventor que le nombró el santismo, al que se le toleró, haciendo caso omiso de mis denuncias en el Congreso, que administrara la EPS con las mismas prácticas de Palacino. Y se origina en una ley que supone que no habrá corrupción en el sector porque la elimina la simple competencia entre las EPS, que luchan entre sí –dicen– por actuar con la mayor eficiencia y pulcritud. ¡Qué tal el cuento!
Y Medimás no es la excepción sino la norma. Hay 21 EPS intervenidas por el Estado, los sufrimientos de los pacientes parecen escapados de la obra del Dante, médicos, enfermeras y demás empleados trabajan muy duro y ganan muy poco y hasta les roban –esa es la palabra– parte de sus sueldos. El ataque a la red pública hospitalaria ha sido bárbaro y a las clínicas privadas las estafan no pagándoles sus cuentas. Todo porque la Ley 100 no es para la salud de los colombianos sino para el negocio financiero con la plata de la salud de los colombianos, por lo que las EPS imponen: “primero yo, segundo yo y tercero yo”.
Colombia necesita un sistema de salud que establezca, de verdad, que su objetivo es el bienestar de las personas, para lo que requiere de las mejores condiciones laborales y óptimas clínicas y hospitales, públicos y privados, y de un Estado que cuide y controle a los unos y a los otros. Sus administradores –llámese EPS o no– tienen que operar con la mayor calidad y a los menores costos, porque deberán actuar al servicio de la gente y no al contrario. Y tendrá que funcionar con cero tolerancias a la corrupción en cada una de sus partes. Que esto es posible lo prueba lo que ocurre en otros países de economía de mercado (https://bit.ly/2HMBK3t).
Bogotá, 1 de febrero de 2018
*Senador del Polo Democrático Alternativo
Por José Felix Lafaurie*.- La política se mueve entre el pragmatismo –real politik–, al que solo le importan los resultados y nos remite a Maquiavelo; y el idealismo, al que le importan los resultados, pero mediados por “la ética”, por la convicción ideológica de lo que es bueno y es malo, que nos remite a Platón y Aristóteles.
En el primer político no hay consistencia entre su actuar y su discurso –promete y no cumple– y entre su discurso y sus convicciones, si ellas no sirven a los resultados. El segundo siempre actúa como habla y como piensa. La coherencia, madre de la confiabilidad, es el sello de sus decisiones y ejecutorias.
Coherente ha sido la política exterior de Iván Duque. El Eln no podía llamarse a engaño si no renunciaba al secuestro, al terrorismo y sus actividades criminales como condición para una negociación. No era una condición advenediza, sino clara desde la campaña y desde su posición política en el Congreso.
Duque habría negociado con terroristas con voluntad efectiva de dejar de serlo, pero nunca con terroristas “en ejercicio”. Por eso Cuba y los países garantes tampoco podían llamarse a engaño, y por eso es coherente la solicitud al gobierno cubano, del cual también se espera coherencia con sus enfáticas declaraciones de rechazo al terrorismo. Si no entrega a los cabecillas del Eln, quedará en tela de juicio su confiabilidad, que necesita para no volver a las listas negras de los países que promueven el terrorismo.
Tampoco el régimen de Maduro se podía llamar a engaño con “un nuevo mejor amigo”, pues Iván Duque lo había denunciado ante la Corte Penal Internacional en 2017. Eso es coherencia, como también su liderazgo en Latinoamérica y el mundo: en el Grupo de los 13, en la OEA, la ONU y la Unión Europea, para cerrarle el círculo al dictador. Las recientes decisiones de Estados Unidos y del Parlamento Europeo le dan la razón.
Y aunque la izquierda y algunos sectores, como era de esperarse, pusieron el grito en el cielo con el discurso de la libre determinación de los pueblos, mientras hacen oídos sordos al pueblo venezolano que, el sí, pide a gritos el apoyo del mundo, fueron también coherentes el oportuno reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela al día siguiente de su proclamación; y del embajador Humberto Calderón el mismo día de su nombramiento; y la lista de 200 colaboradores de la dictadura con prohibición de ingreso a nuestro país, encabezada por Maduro y Cabello.
Bogotá, D. C, 3 de febrero de 2019
*Presidente de Fedegan
Por Gabriel Ortiz*.- Este año va acelerado. Entramos a febrero mes que el 9, celebra el día del periodista, y se hace entrega de premios. Pero será un 9 triste y empañado, por hechos que malogran y ponen en serio peligro las libertades de prensa y expresión, baluartes de la democracia.
El nuevo gobierno ha permitido actuaciones de funcionarios que pueden atentar contra la tradicional independencia. Hay certeza de que esa no es la voluntad del Presidente y que ello nace de los halagos que buscan subalternos ávidos de lisonjas.
La persecución a los periodistas es explicita. Se aprecia el odio y la rabia contra ellos. La Fundación para Libertad de Prensa, FLIP, ha sido el único gremio en pronunciarse sobre estos atropellos. El CPB, que se creó hace más de 60 años para proteger, defender, abrigar y custodiar la libertad de prensa, se ha hecho el de la vista gorda. Seguramente teme que el Presidente Duque y altos funcionarios del Estado no participen en las celebraciones del 9 de febrero, cuando hace entrega de premios a los mejores periodistas del año.
Curioso que un gremio que no vigila las libertades, ni defiende a los periodistas se arrogue el derecho a galardonar a los profesionales de las comunicaciones, a los fiscales de la sociedad. Esos premios pueden carecer del honor y la pureza que exige un trofeo de esas calidades.
El último episodio que se conoce, fue el que se registró en RTVC, entidad que censuró la serie “Los Puros Criollos”, del colega Santiago Rivas, porque se atrevió a criticar el proyecto de Ley de las Tic, ante las tenebrosas disposiciones que incluía para amordazar la libertad de expresión. Y también están los ultrajes a Vicky Dávila por parte del CD, a Daniel Coronell por la Fiscalía, a Samper Ospina por el “presidente eterno”, la mordaza a los periodistas de la Radio Nacional y tantas afrentas más.
El único gremio en protestar fue la FLIP. Hay que destacar el coraje de la FLIP. ¿Qué pensarán don Guillermo Cano y tantos mártires nuestros del cómplice silencio de un CPB, que ahora actúa como fábrica de premios, coronas y medallas?
Es impensable que Duque actúe mordaza en mano. Él tiene otra manera de actuar. Por ejemplo, no ha acudido al famoso: “pasemos a la siguiente pregunta”.
Este 9 de febrero, el Presidente tiene la oportunidad de fijar la posición de su gobierno frente a las libertades de prensa y expresión. Y aclarar de una vez por todas, si los medios estatales, como RTVC, los canales de los departamentos y ciudades seguirán siendo “varas de premio” para compensar a los colegas que se hayan prestado para encumbrar a los funcionarios encargados de otorgar jugosos contratos. Estos medios deben tener otra filosofía y otro destino diferente al de atajar la crítica y adular al funcionario de turno.
Esa es la única manera de garantizarle a Colombia libertad de prensa y democracia.
BLANCO: La revista Semana se refinancia, pero conserva su independencia.
NEGRO: Los atropellos de Maduro a los periodistas colombianos.
Bogotá, D. C, 1 de febrero de 2019
*Periodista, Exdirector del Noticiero Nacional y de Notisuper.
Por Clara López Obregón*.- Con motivo de la reunión anual de las élites mundiales en Davos, Suiza, Oxfam Intermón publicó su informe anual sobre desigualdad económica. Los resultados son alarmantes.
Mientras la riqueza de los “milmillonarios” aumentó el 12 por ciento durante el año 2018, a razón de $2.500 millones de dólares diarios (900 mil millones al año), el poder adquisitivo de los más pobres se redujo en 11 por ciento. Las 26 personas más ricas de la tierra poseen la misma riqueza que casi la mitad de la humanidad compuesta por 3.400 millones de personas que viven con menos de $5.5 dólares o 15 mil pesos al día. En resumen, los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres.
¿Por qué debe preocuparnos esa situación, si en América Latina y en Colombia se han hecho avances contra la pobreza extrema? La desigualdad no es solamente objetable desde un punto de vista ético sino también político y económico. Ello tal vez explique el éxito del libro El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty, una obra académica bastante densa que se ha vendido como un “bestseller,” con ventas de 2.2 millones de ejemplares en treinta idiomas.
El trabajo de Piketty ha dejado sin piso la teoría de Simon Kuznets, una de las más asentados de las ciencias económicas. Según esta tesis, todas las economías pasarían por una etapa de desarrollo industrial en la cual las desigualdades se acentuarían, para después pasar a una etapa de democracia social y ampliación del consumo masivo que frenaría la desigualdad, la cual se estabilizaría posteriormente en niveles aceptables. Solo habría que ser pacientes mientras el crecimiento se derramaba hacia abajo para finalmente beneficiar a todos.
Piketty reconoce que esta teoría respondió a un primer y ambicioso esfuerzo estadístico presentado en 1953 cuando arreciaba la guerra fría, pero también lo glosa por cuanto, a pesar de estar consciente del carácter especulativo de su formulación, Kuznets se cuidó de subrayar que estas predicciones tan optimistas también estaban orientadas a mantener a los países en desarrollo “dentro de la órbita del mundo libre.”
Con la obra de Piketty, que los datos anuales de Oxfam Intermon evidencian, ha llegado la hora de colocar a la desigualdad en el centro de las preocupaciones de las ciencias sociales y económicas y de las políticas públicas, pues los extremos de desigualdad que se están registrando - y Colombia es un caso emblemático al ser uno de los países más desiguales sobre la tierra - no solamente atentan contra la equidad y la eficiencia económica sino contra la democracia.
“El 60 por ciento de la reducción de la desigualdad y la pobreza se explica por la inversión pública en esas áreas (salud, educación y protección social),” explica Rosa Cañete Alonso, coordinadora del Programa de Lucha contra la Desigualdad de Oxfam para Latinoamérica y el Caribe” (ET 27/01/2019). Pero ese gasto público social se hace imposible en los volúmenes necesarios en ausencia de un sistema tributario progresivo que ponga a los excesivamente ricos a pagar su parte. En muchos países del mundo, esos intereses especiales han logrado no solo reducir los gravámenes que deberían pagar, sino eliminar el impuesto a las herencias. Muy pronto empezaremos a ver estudios que muestran que la riqueza en pleno siglo XXI no corresponde al saber sino al linaje, convirtiendo la meritocracia en una “heredocracia.” Mal augurio para la democracia y para los estímulos al crecimiento económico.
Entre más se concentra el poder económico, más se concentra el poder político y la influencia de los intereses del capital en la toma de decisiones sobre la política tributaria, la reforma pensional, la flexibilización laboral, el gasto público, la reforma rural integral, la protección ambiental, entre tantos otros temas de gran incidencia social. Así se cumple la máxima lapidaria de Lampedusa: ¡Que todo cambie para todo siga igual! O peor.
Bogotá, D. C, 30 de enero de 2019
*Precandidata a la Presidencia y Excandidata a la Vicepresidencia de Colombia. Exalcaldesa de Bogotá y Exministra de Trabajo.